Entre las medidas previstas están operativos nocturnos de control de decibeles, verificación de permisos sonoros, y la definición de rutas y horarios que reduzcan la afectación en sectores residenciales.
Pese a ser una actividad importante del turismo nocturno de Santa Marta, las chivas rumberas operan en condiciones que vulneran la normativa ambiental y afectan el bienestar de los residentes, según reportes ciudadanos y hallazgos del propio Departamento Administrativo Distrital de Sostenibilidad Ambiental, Dadsa.
Paola Gómez, directora del de la entidad ambiental, reconoció en diálogo con EL INFORMADOR, que se han identificado niveles de ruido que superan los límites permitidos por la Resolución 0627 de 2006, que establece los valores máximos de emisión de ruido en zonas urbanas, los cuales no deben sobrepasar los 65 decibeles en horario diurno y 55 decibeles en horario nocturno. “Hemos recibido reportes ciudadanos que confirman picos por encima de los establecidos por la normatividad nacional”, señaló Gómez, al anunciar que se implementarán mesas de trabajo con las Secretarías de Movilidad y Cultura para coordinar acciones de control.
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Entre las medidas previstas están operativos nocturnos de control de decibeles, verificación de permisos sonoros, y la definición de rutas y horarios que reduzcan la afectación en barrios residenciales. También se proyectan capacitaciones a propietarios y conductores sobre buenas prácticas acústicas y adecuación de sistemas de sonido certificados.
Sin embargo, mientras avanzan esas iniciativas, la realidad muestra que la supervisión actual es insuficiente. A través de la línea de denuncias ciudadanas #SoyInformador, residentes han compartido videos que evidencian cómo las chivas rumberas operan sin controles visibles de tránsito y ambiente, generando contaminación auditiva y desorden en espacios públicos.