Minca desde otros ojos

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

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Dos figuras legendarias arrastran sus sombras por las sinuosas calles del corregimiento de Minca. Copiosos cabellos, barbas blancas y entreveradas, uno con un fino Borsalino gris a lo Indiana Jones clavado hasta las cejas y el otro, con uno al mejor estilo de Juan Matraca, el número dos de Dick Tracy.
El del Borsalino lleva sandalias de cuero y un cayado como el de los obispos, que le ayuda a sostener su columna como símbolo de su misión pastoral. Es El Maestro. Entre los dos hay más de cien años de experiencia creativa que no se pueden echar por la borda, que les dio esa mirada aguda sobre lo que acontece a su alrededor.

Son David Ramón y Michel. El primero, con la sangre del azul de sus ojos es de andar largo y disperso, parsimonioso en el hablar, de lenguaje llano y poco ceremonioso, a sus setenta no se amarga por nada y ve la realidad de manera sencilla, tal y como se da, sin pretender alterar su simpleza aunque no su sabor. El segundo, con diez años menos bien vividos ahora ya camina lento, apoyado en su báculo, tiene voz de misionero y dispara diatribas desde el sentimiento que, sin extravagancias, nos muestra una realidad desde la contemplación de la belleza exterior, como lo haría un consagrado monje tibetano.

Michel vive en la que era “la casa del gringo”, al voltear por La Casona, pasando justo al frente de los Balaguera. David está más cerca al Río Minca por los lados de la cancha de futbol y a un costado de la casa campestre del Doctor Julio Méndez Barreneche. Los martes, tipo nueve, se encuentran en la terraza del restaurante de Orfe, que “sirve y cocina con amor” y, al calor de un café recién tostado, ponen sobre la mesa lo que en la semana vieron y oyeron de lo que pasa y no, de lo que se dice y no en el pueblo de Don Antonio, el señor Parra y Felipe que se fueron sin dejar rastros.

“…la situación es muy confusa hoy en Minca”, comienza cualquiera de los contertulios. “Y se pondrá peor”, le contesta el otro. “Tanto ejército y policía, tanto Gaula y esos de color anaranjado que no conocía, helicópteros y patrullas perturban la tranquilidad, no te parece”. “De acuerdo, al otro día de la desaparición del niño Alí David, un helicóptero no hizo sino dar vueltas sobre mi casa, se iba y volvía, que yo pensé que lo habían confundido conmigo”. La gente especula mucho sobre ese tema”. “Sí, es que no hay una información oficial, ni pistas tienen, a veces pienso si la madre del niño miente o si no, tengo entendido que son una buena familia, muy conocida, incluso el marido es el enfermero del puesto de salud”.

“A los que llegan no les importa la zozobra que crea tanta fuerza armada suelta por ahí. Igual los restaurantes y cafetines venden y los turistas circulan y se sumergen en las frías aguas del río, como si nada pasara”. “…al fin y al cabo Minca se convirtió en eso, un hermoso paraje comercial a donde siguen llegando las aves, crecen los árboles, florecen las begonias y las margaritas, se produce la miel de abejas, la malanga, el plátano, la yuca, el ñame y la ahuyama, a pesar que subsisten problemas como la falta lugares para parquear, agua potable, alcantarillado y tal vez el más importante hoy: seguridad urbana y rural, que si no los atendemos ahora quien sabe qué podrá pasar mañana”.

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