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Escrito por:

Tulio Ramos Mancilla

Tulio Ramos Mancilla

Columna: Toma de Posiciones

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A mí, Iván Duque me recuerda a Andrés Pastrana, presidentico perezoso e ignorante que hubo que padecer. Duque, de acuerdo, no parece tan bruto, pero tal vez sea solo lograda imagen: habla mucho, como Pastrana, y eso enreda a la gente (sobre todo a la gente de este país desinformado y con poca educación).
A punto de cumplirse los cien primeros días de un mandato presidencial al que todavía le faltan tres años, ocho meses y tres semanas, el pronóstico no es ni remotamente halagüeño. El país amenaza con perder el frágil equilibrio que había conseguido con Santos. ¿Y el presidente, dónde anda? Ah, sí: está tocando la guitarra, hablando tonterías o proponiendo a músicos para alcaldes. Entonces, ¿quién manda en la sombra? Porque, si no se toma en serio sus responsabilidades es porque, desde atrás, alguien debe de hacerlo por él. A fe que ese no duerme.

Han pasado dos décadas desde que se supo que Pastrana se teñía las canas, a la usanza de las señoras. A Duque, en campaña, como que le dio por hacer lo contrario, es decir, dejar de aplicarse el tinte (¿uno Schwarzkopf?, ¿en salón de belleza o en el baño de la casa?), con lo que se pudo saber que también se pintaba el pelo, antes, cuando era senador. A Pastrana como que le gustaba un cantante pasajero que alguna vez vino a Colombia durante su periodo, y, entonces, para sorpresa del interfecto, que no se sabía tan importante, fue llevado directamente desde El Dorado hasta la Casa de Nariño (con escolta y toda la cosa), como si de un jefe de Estado se tratara, solo porque el presidente colombiano tenía alguna recóndita debilidad por su voz y quería verlo en persona, quién sabe para qué… Y, ahora, Duque se reúne con Maluma, y se tratan de “hermano”… ¿Estaremos en presencia de otro presidente frívolo, superficial, vanidoso, charlatán, que está ahí solo para darse el gusto de haber sido, y decirlo por ahí, y no para ocuparse de lo que tiene que ocuparse?

Duque es todo lo que prometió en campaña que iba a ser: nadie. Anunció por todos lados y a todo el que se lo quisiera oír que él iba a estar orgulloso de que Álvaro Uribe fuera el verdadero presidente. Por eso, yo no me asombro de nada ahora. ¿Habrá acaso quien lo haga? ¿Existirá en este país gente tan cínica y babosa que haya votado por Duque y que hoy se crea con derecho a quejarse de no tener presidente de la República? Supongo que no es mucho lo que hay que hacer cuando es el propio país el que elige para que lo rija a alguien con el que se siente identificado. Ciertamente, si Duque es presidente actualmente es debido a que no pocos colombianos tienen tan poca seriedad y carácter como este señor. En este caso no hay nada que hacer. Es, como dicen, cultural.

Ser presidente de un país significa, al decir del tango hecho bolero: sufrido y comprensivo. No payaso e infantil. Se necesita de un hombre, o de una mujer, de gente grande, formada y concienzuda. No de niños que piensan que atrayendo la atención que les faltó pueden ser útiles a la sociedad. Me avergüenzo de tener un presidente mentiroso y de cartón como Iván Duque, y no, no creo que haya hecho nada bueno en estos primeros cien días de tantos que faltan. Espero que el propio sistema democrático funcione en algo y sea posible controlarlo, o mejor: controlar al que lo controla.

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