EE.UU. vs China

Editorial
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Donald Trump se expone a generar un caos en los mercados financieros y a causar graves perjuicios a la economía de Estados Unidos en su guerra comercial con China.

Las iras comerciales del presidente estadounidense, no obstante, no se limitan a China. Abarcan también a aliados de Estados Unidos. Desde Europa hasta Japón, Trump ha iniciado disputas poco publicitadas que podrían agravarse en cualquier momento con consecuencias inquietantes.

El gobierno estadounidense, por ejemplo, se propone fijar aranceles sobre 25.000 millones de dólares en importaciones de la Unión Europea por diferencias en torno a los subsidios de la UE al fabricante de aviones Airbus. También amenaza con imponer aranceles para castigar a Francia por un impuesto a los servicios digitales de gigantes estadounidenses de la industria tecnológica como Google, Amazon y Facebook.

En noviembre, Trump podría incursionar en un terreno no explorado hasta ahora, fijando aranceles a los autos y los repuestos para automotores extranjeros. Esta medida podría dar lugar a un difícil conflicto con Japón y la Unión Europea, e incluso con el propio Congreso de Estados Unidos.

En el terreno comercial, Trump está haciendo lo que prometió. Sostiene que el déficit comercial de Estados Unidos --de 628.000 millones de dólares el año pasado-- es una prueba irrefutable de que el país está siendo desvalijado por sus socios comerciales y de que los acuerdos de libre comercio que negociaron sus predecesores perjudican a las empresas estadounidenses.

Muchos economistas opinan distinto y dicen que el déficit comercial refleja una realidad que no cambiará con aranceles: Los estadounidenses consumen más de lo que producen. Y las importaciones cubren ese déficit.

Solo ayer China excluirá algunos productos agrícolas de aranceles adicionales sobre bienes estadounidenses, incluyendo la soya y el cerdo, en la más reciente señal de alivio en las tensiones entre Washington y Beijing previo a una nueva ronda de negociaciones previstas para octubre.

Tanto Estados Unidos como China han realizado gestos conciliadores. Beijing renovó las compras de bienes agrícolas estadounidenses y el presidente Donald Trump retrasó un incremento en los aranceles sobre ciertos productos chinos.

China impuso gravámenes adicionales de 25% sobre productos agrícolas estadounidenses, incluyendo a la soja y el cerdo en julio del 2018. Elevó el arancel en otro 5% sobre la oleaginosa y en 10% sobre el cerdo el 1 de septiembre.

Las dos partes se están preparando para una nueva ronda de conversaciones en Washington, pero los economistas no esperan un acuerdo definitivo este año por la magnitud de los desacuerdos y mientras tantos las pequeñas economías, como la de Colombia, se verán en calzas prietas para afrontar esta guerra comercial entre las dos superpotencias.

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