El arte de la inutilidad onerosa

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

La ola de homicidios en Santa Marta en los últimos días tiene atemorizada a los ciudadanos. En un intento por tranquilizarlos, la explicación dada por el gobierno distrital y la policía es que se trata de ajuste de cuentas entre delincuentes, y ciertamente esta explicación no convence, y además causa desazón. Se infiere de la explicación que mientras se maten entre si los delincuentes no hay problema. ¿En serio?

En plena campaña electoral se ha tratado de politizar el tema, lo cual es irresponsable y desafortunado. Hay temas que por su importancia trascienden los tintes políticos y los tiempos (los de antes y los de ahora). La seguridad ciudadana es tema de todos y en todos los tiempos, máxime cuando una parte de la economía del distrito es movida por el turismo.

No le sirve a la comunidad los insulsos debates de control en la Asamblea, cuyo único propósito pareciera ser convertirla en tarima de plaza pública y publicidad política para que unos cuantos intenten lucirse. Un espectáculo bochornoso donde tratan de impresionarse los unos a los otros con la potencia de su verbo, o quien habla más duro y exige más de la policía. El vientijulierismo de nuestros politiqueros es una desgracia y no nos conduce a nada. ¿Dónde están las soluciones planteadas?
Señores asambleístas, su trabajo no es echar discursos por muy bonitos y buenos que sean. Su trabajo es ser parte de la solución. Después del debate todos se fueron para su casa felices, entre el aplauso de sus áulicos y los videos de autopromoción subidos a las redes sociales, y sintiendo que cumplieron con su deber. ¿De verdad?

En plata blanca, al final del día el debate no aportó nada a la solución y daba lo mismo no haberlo hecho: el arte de la inutilidad onerosa en su máxima expresión. Onerosa porque a los contribuyentes les cuesta sostener a estos parásitos de la democracia. Ciertamente que estamos en mora de una gran y profunda reforma política que elimine de un tajo estos apéndices colegiados y los remplace con órganos profesionalmente mucho más competentes y efectivos.

El veinteijulierismo es lo que menos molesta; lo que más molesta es la inutilidad. Una cosa es exigirle a la policía explicaciones y acciones contundentes, y otra cosa es ofrecerse a trabajar de la mano con la policía para crear la solución idónea que espera y merece la comunidad. En el segundo caso, el tono y el contexto del debate son muy diferentes: ¿Tiene la policía los recursos para enfrentar el problema efectivamente? Si no los tiene, ¿Dónde y cómo podemos ayudar a conseguirlos? ¿Se necesita una intervención

integral? ¿Qué agencias y dónde? ¿Qué acciones desde el gobierno departamental y desde la duma podrían aportar a la solución? En el segundo caso, del intercambio o debate sale una hoja de ruta con metas y acciones concretas, pero como se hizo lo primero y no lo segundo, no hay solución a la vista distinta a esperar que los delincuentes se eliminen a sí mismos.

¿Y por qué se matan entre si los delincuentes? Esta es la pregunta del millón. ¿Y qué pasa cuando se llevan por delante a un inocente? ¿Todavía nos quedamos tan tranquilos o los metemos en el saco de los daños colaterales de la estrategia de inseguridad ciudadana?

Ojalá los asambleístas y concejales se pellizquen y asuman con responsabilidad la responsabilidad de co-gobernar los respectivos entes territoriales. Y ojalá nos pellizquemos los ciudadanos para no seguir eligiendo tanto parásito. Mientras se hace una reforma política acorde con las exigencias de los tiempos, por lo menos hagamos el esfuerzo de elegir gente idónea para ver si algo cambia.La ola de homicidios en Santa Marta en los últimos días tiene atemorizada a los ciudadanos.  En un intento por tranquilizarlos, la explicación dada por el gobierno distrital y la policía es que se trata de ajuste de cuentas entre delincuentes, y ciertamente esta explicación no convence, y además causa desazón.  Se infiere de la explicación que mientras se maten entre si los delincuentes no hay problema. ¿En serio?En plena campaña electoral se ha tratado de politizar el tema, lo cual es irresponsable y desafortunado.  Hay temas que por su importancia trascienden los tintes políticos y los tiempos (los de antes y los de ahora).  La seguridad ciudadana es tema de todos y en todos los tiempos, máxime cuando una parte de la economía del distrito es movida por el turismo.No le sirve a la comunidad los insulsos debates de control en la Asamblea, cuyo único propósito pareciera ser convertirla en tarima de plaza pública y publicidad política para que unos cuantos intenten lucirse.  Un espectáculo bochornoso donde tratan de impresionarse los unos a los otros con la potencia de su verbo, o quien habla más duro y exige más de la policía.  El vientijulierismo de nuestros politiqueros es una desgracia y no nos conduce a nada.  ¿Dónde están las soluciones planteadas?Señores asambleístas, su trabajo no es echar discursos por muy bonitos y buenos que sean.  Su trabajo es ser parte de la solución.  Después del debate todos se fueron para su casa felices, entre el aplauso de sus áulicos  y los videos de autopromoción subidos a las redes sociales, y sintiendo que cumplieron con su deber. ¿De verdad?En plata blanca, al final del día el debate no aportó nada a la solución y daba lo mismo no haberlo hecho: el arte de la inutilidad onerosa en su máxima expresión. Onerosa porque a los contribuyentes les cuesta sostener a estos parásitos de la democracia.  Ciertamente que estamos en mora de una gran y profunda reforma política que elimine de un tajo estos apéndices colegiados y los remplace con órganos profesionalmente mucho más competentes y efectivos. El veinteijulierismo es lo que menos molesta; lo que más molesta es la inutilidad. Una cosa es exigirle a la  policía explicaciones y acciones contundentes, y otra cosa es ofrecerse a trabajar de la mano con la policía para crear la solución idónea que espera y merece la comunidad.  En el segundo caso, el tono y el contexto del debate son muy diferentes: ¿Tiene la policía los recursos para enfrentar el problema efectivamente?  Si no los tiene, ¿Dónde y cómo podemos ayudar a conseguirlos?  ¿Se necesita una intervención integral?  ¿Qué agencias y dónde? ¿Qué acciones desde el gobierno departamental y desde la duma podrían aportar a la solución?  En el segundo caso, del intercambio o debate sale una hoja de ruta con metas y acciones concretas, pero como se hizo lo primero y no lo segundo, no hay solución a la vista distinta a esperar que los delincuentes se eliminen a sí mismos.  ¿Y por qué se matan entre si los delincuentes?  Esta es la pregunta del millón.  ¿Y qué pasa cuando se llevan por delante a un inocente?  ¿Todavía nos quedamos tan tranquilos o los metemos en el saco de los daños colaterales de la estrategia de inseguridad ciudadana?Ojalá los asambleístas y concejales se pellizquen y asuman con responsabilidad la responsabilidad de co-gobernar los respectivos entes territoriales.  Y ojalá nos pellizquemos los ciudadanos para no seguir eligiendo tanto parásito.  Mientras se hace una reforma política acorde con las exigencias de los tiempos, por lo menos hagamos el esfuerzo de elegir gente idónea para ver si algo cambia.

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