Presidente Belisario

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

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De la terraza del desaparecido Restaurante “Mediterráneo” de la calle 72 al parque Suri Salcedo sin perder el hilo de la conversación, un tinto más y otro “pielroja” hasta que nos sorprendiera el alba hablando de lo que podría ser el gobierno de Belisario Betancur que a todas luces prometía ser mejor que el que dejábamos y que el periodo de ocho años de dos presidentes liberales, de derecha, el de Alfonso López Michelsen y Turbay Ayala.

Es que el estado en el que sumieron a la sociedad colombina no daba para creer que un presidente conservador pudiera cumplir con nuestras expectativas de paz, reconciliación, participación ciudadana y desarrollo.

Pero lo logró. Aunque no le hicimos campaña ni lo apoyamos con el voto por aquello de mantenernos siempre puros y duros, si le depositamos algún grado de confianza a sus propuestas. Nos causó admiración poder alinearnos con los No Alineados, despertó nuestros sentidos la idea de un dialogo fructífero con todos los grupos alzados en armas, la elección de autoridades locales brilló en nuestros ojos ávidos de democracia pero finalmente lo que nos deslumbró y llevó a empujar ese cumulo de ideas locas fueron las casas sin cuta inicial para los más pobres, iniciativas que se lograban ver a través del celofán de su novedoso programa de gobierno.    

Desde antes que se posesionara ese 7 de agosto de 1982 ya nosotros lo esperábamos con un manojo de asociaciones y fundaciones de viviendistas que hacíamos pinitos con la autoconstrucción. Le tomamos la delantera, constituimos muchas organizaciones de destechados, compramos con sus ahorros porciones de tierra, armamos nuestros propios diseños urbanísticos, estudiamos las ventajas de cada una de las tipologías de vivienda y nos dimos a la tarea de convocar las jornadas dominicales de auto ayuda para que los usuarios de estos procesos construyeran sus casas. Pensábamos que Belisario no nos quitaría la vista de encima solo para estimular nuestro esfuerzo.

Belisario lo pensó de otra manera. La autoconstrucción no le ofrece al gobernante los resultados de corto plazo que el gobernante espera. Los que obtuvo entregándole la responsabilidad de las casas sin cuota inicial a la señora María Eugenia Rojas de Moreno-Díaz, gerente general del Instituto de Crédito Territorial, entidad encargada de materializar el empeño de salvaguardar el sector de la construcción como impulsor para reactivar la economía, ante la inquietante conjunción de recesión más inflación. Contratos a tutiplén en todas las ciudades capitales a los amigos y aliados del gobierno, casas de treinta, cuarenta y cincuenta metros cuadrados en urbanizaciones hechas a la topa tolondra para el consumo de particulares con techo o sin él.

Una Ciudadela Simón Bolívar de 20 mil casas en Barranquilla y una más en Santa Marta de diez, otro tanto en Medellín, Cartagena, Cali, Cúcuta y Bucaramanga que hoy valdría la pena volverlas a ver si quedó algún rastro del diseño original, de sus zonas verdes y áreas destinadas a vías, parques y escenarios deportivos. Para verificar el uso actual y su destino, para constatar su estabilidad y ubicación con relación al riesgo de desastres y, para comparar la cohesión social de sus estructuras con la de las viviendas de autoconstrucción. Para qué recordar esto ahora, a propósito del fallecimiento del mentor del programa, tal vez para decir que todo lo que Belisario se propuso fracasó, porque no fue sino un accidente en la vida de la Nación, perversamente manipulado por los más poderosos, a quien finalmente los militares le corrieron la silla al momento de la retoma del Palacio de Justicia. Que en paz descanse.    

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