El Hombre Natural versus el Hombre Económico

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Font Size

Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: [email protected]

La forma como queremos construir el futuro de la humanidad adolece de profundas contradicciones que no son fáciles de resolver. 

Los intentos por hacerlo degeneran en protestas sociales con ropajes ideológicos.  Una de las áreas donde las contradicciones son más evidentes es en la del medio ambiente. 

Por definición, los ambientalistas se oponen al desarrollo tecnológico, ya que lo producido por la tecnología generalmente no es amigable con el ambiente.  Desde los tiempos de Rousseau este tema preocupaba.  Lo único que ha cambiado, especialmente a partir de los años 60s del siglo pasado, es la conciencia de que los recursos planetarios son finitos y del impacto de la actividad humana en la naturaleza, tales como el calentamiento global, manejo de desechos y deforestación acelerada, entre otros.

El efecto invernadero del carbono es conocido desde los 60s, pero solo en tiempos recientes ha tomado relevancia, en la medida en que más países se industrializan con energías fósiles, como por ejemplo, China, India y Brasil.  La preocupación mundial por este tema llevó a que las naciones firmaran el famoso Acuerdo de París, considerado un triunfo por los ambientalistas.

Sin embargo, el mencionado Acuerdo desde sus inicios y más allá del compendio de buenas intenciones, se convirtió rápidamente en otra de las esferas de competencia entre naciones.  Fue hábilmente manipulado para tratar de crear ventajas comerciales por unos países a expensas de otros.  Pasó rápidamente del todos ganamos a yo gano y tu pierdes.  Trump leyó el contexto bien y decidió abandonar la farsa, ya que el trasfondo era, es, crear un nuevo orden geopolítico contrario a los intereses de los Estados Unidos. 

Pero la farsa y la hipocresía se dan también a nivel del activismo de masas.  Quieren empujar la agenda ambientalista pero no quieren pagar el precio.  Como si el destino se burlara de Macrón, es precisamente en París donde las protestas de los Chalecos Amarillos han dejado en evidencia que la agenda ambientalista es un cuento de hadas.  Para alcanzar la utopía ambientalista del Acuerdo de París hay que pagar más por la gasolina,  pero nadie quiere hacerlo.  Frecuentemente los tecnócratas son idiotas emocionales que actúan conforme a inexistentes sobrentendidos, y al final pagan un enorme precio.  Afortunadamente para Macrón, la guillotina no se estila por estos días. Es recomendable que no pierda la cabeza.

El mayor obstáculo para los ambientalistas es la necesidad presente y urgente de crear empleo, desarrollo y competir globalmente, lo cual es incompatible con la agenda verde.  No es un problema menor porque de alguna manera se quiere coaccionar a los países en vía de desarrollo a desarrollarse con energías limpias, las cuales son muy costosas, volviéndolos poco competitivos.  La necesidad de generar recursos ya, común a todos los gobiernos, los obliga a echar mano de la energía barata, y desafortunadamente y a pesar de los supuestos altos precios, la energía fósil sigue siendo una ganga.

La contradicción no nos es ajena en Colombia, donde actualmente se discute la conveniencia del fracking.  Colocar en la balanza los daños ambientales versus obtener más recursos para el país; estos últimos necesarios para apalancar el desarrollo, incluyendo programas de inversión social.  La necesita presente conspira contra el mañana.

A países como China e India les importa cinco la agenda ambientalista porque ellos tienen el problema apremiante e inmediato de darle de comer a casi 3 billones de habitantes.  Parecieran estar condenados a elegir entre morir lentamente y envenenados por el ambiente o por desastres naturales futuros, o dejar que millones mueran en el corto plazo. ¿Qué hacer?

Algunos de los filósofos de hace dos siglos planteaban si la solución era destruir y comenzar de nuevo y no volver a cometer las mismas equivocaciones. Algunos objetaban que mientras existiera memoria de la historia, los mismos errores serían cometidos, haciendo que la historia fuera cíclica. 

Quizás debemos adoptar una posición menos apocalíptica y mucho más optimista y creer que los seres humanos podremos un día no muy lejano encontrar la solución de la mano de la ciencia y la tecnología.  Mientras la energía fósil sea barata, los países seguirán utilizándola, aunque los ambientalistas chillen; al fin y al cabo, ya sabemos que estos últimos son hipócritas. !Todo lo quieren gratis!

Más Noticias de esta sección

Publicidad