Santa Marta en manos de delincuentes y sicarios

Editorial
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Los samarios aun no salen de su asombro y estupor por los recientes y lamentables hechos judiciales acaecidos en la ciudad, que dejan al desnudo las obsoletas e inservibles  políticas de seguridad del Distrito  y de la Policía Metropolitana de Santa Marta.

Cuando aún la ciudadanía no se reponía del terrible golpe provocado por el repudiado asesinato del guardabosques, Wilton Orrego León, el pasado 14 de enero en el Parque Tayrona, quien en cumplimiento de su deber fue ultimado a tiros sin conocerse aún  los autores de horrendo crimen, el día 11 de febrero, echó abajo la ingenua excusa con que se escudaban las autoridades distritales, sobre ‘la percepción de inseguridad’. 

Ahora la percepción se volvió una realidad  terrible y agobiante que  pasó a ser miedo y desasosiego, porque si las autoridades civiles se escondían  bajo estas palabras y no se percataron del terrible error de echarle las culpas a este tema, las muertes de estos últimos días deja al descubierto que no tenemos quien nos defienda de los asesinos y homicidas que acechan por todas partes.

En menos de 24 horas en Santa Marta, se registraron tres crimines en distintos puntos; en Buritaca, 11 de Noviembre y La Lucha, actos delictivos que causaron dolor y repudio en toda la ciudad; y, como no se tienen políticas de seguridad, ayer a primeras horas del día, las balas volvieron a ser las protagonistas reafirmando, desafortunadamente, que estamos bajo las órdenes del sicariato  y de los bandidos  que hacen de las suyas en una metrópoli que se encuentran desprotegida y desamparada por parte de sus autoridades civiles y policiales, que no avanzan  en la consecución de políticas que brinden seguridad  real y efectiva a los ciudadanos de bien.

El asesinato vil y canalla de Juan Carlos Pedrozo, jefe de Recursos Humanos de  la multinacional Daabon, quien a su regreso a Santa Marta fue interceptado por  sicarios que le dispararon en forma cobarde cuando ya lo habían inmovilizado haciendo que perdiera el control de su vehículo, ratifica que estamos en manos de bandidos y  matones.

Los crímenes siguieron a la orden del día; en un atentado a tiros registrado en sectores de la cancha de fútbol del barrio Once de Noviembre, fue asesinado Richard Leo Martínez Varela, quien se desempeñaba como transportado escolar; en la noche de ese mismo día, en La Lucha otra persona fue asesinada a tiros, en hechos en donde se vieron involucrados, en forma fortuita,  funcionarios de la Gobernación el Magdalena, que en esos momentos se desplazaban en un vehículo oficial por el sitio; gracias a Dios los ocupantes del vehículo se encuentran sanos y salvos.

Fue un día y una noche para no olvidar, más aun cuando a primeras horas de la mañana siguiente, ayer, amanecimos con otro hecho de violencia, amanecidas que no queremos seguir teniendo los samarios, para no seguir con el miedo que se siente cuando salimos de nuestro hogares, cuando vamos por las calles sin poder sacar el celular, cuando pasamos por sitios peligrosos, cuando se sale tarde del trabajo, cuando nos transportamos de un lugar a otro. Los samarios queremos que nuestras vidas y  la de nuestros seres queridos se respeten, se valoren y que nuestra cotidianidad no se vea amenazada por sicarios que  se han tomado a la ciudad intimidando  a la gente con su violencia y sus armas.

La responsabilidades recaen sobre el Alcalde de la ciudad y sobre sus políticas de seguridad, si las tiene; sobre la Policía Nacional que debe destinar  más policías en las calles y la solución está en el Comando Central para que destine más personal a la ciudad, que está pidiendo a gritos que la proteja como es deber del Alcalde y del Comandante de Policía en turno.

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