Hambre cero

Editorial
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Según datos recientes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación, FAO, por sus siglas en inglés, por tercer año consecutivo se ha producido un aumento de hambre en el mundo.

Las cifras son alarmantes. Hoy 821 millones de personas no cuentan con suficientes alimentos para comer. Es decir, una de cada 10 personas de este planeta se enferma y está constantemente en riesgo de muerte por no contar con una alimentación adecuada.

En América Latina y el Caribe el panorama no es diferente. El hambre afecta a 39,3 millones de personas, al mismo tiempo en que la epidemia de la obesidad y sobrepeso está matando más que el narcotráfico, el crimen, la violencia y los conflictos armados.

A este horror se suma el eterno flagelo de la desigualdad. En cada país de la región, aún en los más exitosos, existen territorios rezagados que no alcanzan un nivel adecuado de bienestar.

A modo de ejemplo, en Colombia, el Instituto Nacional de Salud, INS, reportó a mediados de año que investigaba un total de 149 casos de muertes probables por y asociadas a la desnutrición en menores de cinco años en todo el país, solo entre enero y junio de 2018. Las cifras revelaron un incremento con relación a 2017, cuando a la misma fecha estaban en proceso de investigación 122 casos.

“El problema del hambre y la malnutrición que llevamos cargando desde los orígenes de nuestra historia como humanidad no será posible de erradicar sin voluntad y compromiso político de todos los sectores. Ese fue el mandato del acuerdo regional Iniciativa ‘América Latina y el Caribe sin Hambre 2025’, alcanzado en 2005”, aseguró en una columna de opinión Hugo Ritcher, senador paraguayo y coordinador general de los Frentes Parlamentarios de América Latina y el Caribe.

Hace 14 años, con el apoyo de la Cooperación Española, FAO y el Parlamento Latinoamericano y Caribeño, legisladores y legisladoras de la región emprendieron una misión compleja pero no imposible: acercar a todas las fuerzas políticas de nuestros países para hacer de la lucha contra el hambre y la malnutrición una cuestión de Estado.

Bajo ese contexto, se formó el Frente Parlamentario contra el Hambre de América Latina y el Caribe, una alianza integrada por más de 400 parlamentarios y parlamentarias, de diferentes visiones políticas, que han logrado aprobar y fiscalizar más de 20 leyes sobre seguridad y soberanía alimentaria en 19 países.

Se trata de una red que hoy, además, cuenta con más aliados como la cooperación mexicana y brasileña, el Observatorio del Derecho a la Alimentación y el Parlamento Andino, y de la que hacen parte 40 congresistas colombianos.

Pese a los avances, ahora el reto principal es conseguir que las responsabilidades y derechos contenidos en las normativas aprobadas tengan impacto en la realidad.

Las leyes sin un financiamiento adecuado, que no son conocidas y legitimadas por la sociedad, que no se trabajan desde un amplio consenso político y que no cuentan con un trabajo multisectorial previo, son imposibles de implementar y se quedan, muchas veces, en el papel.

Los parlamentarios además de elaborar y aprobar leyes cuentan con facultades que les permiten asegurar que éstas se cumplan.
Tienen la capacidad de movilizar alianzas con diferentes sectores, fiscalizar a los Ejecutivos, poner temas en la agenda pública y mediática y aprobar presupuestos para dar curso a una ley.

Su tarea es clave, aunque es sólo una parte del engranaje. Los parlamentarios, las autoridades de Gobierno, la academia, el sector privado, los organismos internacionales, las organizaciones de la sociedad civil y la ciudadanía en general deben trabajar en conjunto y, con ello, hacer historia.

Existen casos exitosos que alientan a seguir adelante. El Frente de Guatemala, por ejemplo, impulsó la Ley de Alimentación Escolar en 2017, la cual beneficia a más de 2,2 millones de niños y niñas de 33.000 centros educativos públicos.

Lo que, por supuesto, no sólo se logró desde el Congreso de Guatemala, sino gracias al trabajo de múltiples actores como los Ministerios de Educación y Salud, asociaciones de Padres y Madres, FAO, los medios de comunicación comunitarios y masivos, entre otros.

Es importante creer que el desafío ‘Hambre cero’ no está tan lejos de alcanzarse, pero más importante aún es trabajar por eso y ser consecuentes.

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