Planes de Semana Santa

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Edgar Castro Castro

Edgar Castro Castro

Columna: Opinión

e-mail: emcastroc@yahoo.com

Comienza la Semana Santa y con ella la ejecución de los propósitos previstos, tanto de practicantes religiosos como de aquellos poco piadosos. Hay programas para todos los gustos, desde aquellos que toman éstos días para dedicarse con fervor al seguimiento, como durante la cuaresma, de los recogimientos que direccionan sus creencias; y, los que, alejados de las meditaciones místicas, aprovechan para el recreo y el descanso que en verdad es poco para cada caso, habida cuenta que son más los atafagos padecidos por tantas aglomeraciones en los sitios escogidos en los que encuentran filas hasta para mirar al cielo, sin contar con las dolencias que solo aparecen el lunes laboral por cuenta de los excesos al comer y el, casi inevitable, consumo de licor. Se ha llegado a los extremos de algunos, que sin compromisos místicos, han dado en llamar "parranda santa" a la Semana Mayor.
Recuerdo, como si fuera hoy, que en la infancia junto con amigos y hermanos, los mayores nos confinaban en la finca El Socorro, en las que nos dedicábamos a actividades lúdicas como jugar dominó, parqués, cucurubá y bolita de uñita. También, nos adentrábamos en las ya pocas áreas boscosas a cazar animales que luego degustábamos como alimento. Desde luego, todavía estábamos lejos de la expedición de tantas normas benéficas para proteger la fauna silvestre.
Y qué decir del paladeo de dulces caseros tradicionales hechos de leche, coco, guandul, ñame y otras tantas delicias, que se repartían entre vecinos en saludable competencia. En la casa matriarcal de mi tía Miguelina, era habitual llegar en el mes de julio y conseguir todavía abundantes cantidades de dulces que guardaban con mucho celo en los baúles de la recámara y que ya mostraban, por el paso del tiempo, el moho que cubría la parte superior; esto no era óbice para que después de realizar una exhaustiva limpieza del hongo, deleitarse después de encontrar más abajo capas en mejor estado, aunque algunos como los de coco con un rancio sabor.
Las costumbres, de épocas caducadas se daban en casi todo el Caribe colombiano y que de alguna forma han cambiado para darle paso al bullicio de las zonas turísticas, cuya concurrencia está dada en su mayor porcentaje por interioranos, que ataviados con sus vestimentas delatoras de su origen, se pavonean por las playas con la alegría de quienes ven el mar por primera vez.

En Cartagena y en El Rodadero, es familiar verlos asoleados con un color de piel cercano al del camarón pre cocido y por las noches aventurándose a entonar a grito herido vallenatos clásicos, acompañados de conjuntos musicales que hacen su agosto con ellos.
Otra cosa que hoy es la que está a tono con el momento, que otrora no era bien vista, es la realización de todo tipo de festivales: gastronómicos, musicales, de juegos de mesa y deportivos. Ya los dulces se prefieren comprar a las palenqueras, con distribución para todo el Caribe.
De los festivales autóctonos, que llama poderosamente la atención hay uno que se realiza en San Antero, Córdoba: el del burro, que aglutina una asistencia de todo el país para ver el espectáculo gracioso de los asnos disfrazados a la manera de personajes reconocidos. Hace unos años, Shakira fue coronada allí como la reina de las fiestas; se trataba de una hermosa pollina ataviada con un atuendo hecho con similitud al que usa la cantante barranquillera. Después se supo del descontento manifiesto de los seguidores de Barack Obama, que reclamaban el primer lugar para él.

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