Colombia letra menuda

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

En todo el mundo, pero en especial en Colombia por razones conocidas, hay lugares denominados zonas rojas o calientes, es decir, sititos peligrosos a los cuales se recomienda no ir, pues pueden peligrar la vida o los bienes de quien se atreva. Usualmente se trata de lugares selváticos donde hay presencia de grupos armados ilegales o campos minados; o en las ciudades ciertos rincones, calles o hasta recintos por donde no es aconsejable transitar o meterse porque a uno lo pueden atracar, herir, violar, matar, uniformar, chuzar o nombrar. Y eso para no mencionar sectores por donde se debe circular o ingresar "bajo su propia responsabilidad", como ciertas vías, ríos, lagos y playas (y Colombia entera para algunos países, a veces con razón).

Pero no escribiré sobre estos lugares. Me referiré a otras actitudes y medios con los cuales los colombianos corremos grave peligro de perder nuestros bienes y hasta la integridad física, actitudes y medios que nos acechan sin darnos cuenta, razón por la que son más peligrosos que las advertidas zonas rojas o que las playas o ríos azarosos.

Los primeros son los avisos y contratos con letra menuda. No entiendo por qué el Estado, que debe protegernos vida, honra y bienes según la Constitución, permite las letras menudas, cuya razón de ser es engañar soterradamente, pues por algo agazapan esas restricciones y condiciones en caracteres casi invisibles. En caso de que no perjudicaran al usuario y sólo facilitaran la adquisición de los servicios o los productos ofrecidos en provecho del proveedor, sin duda estarían en letra normal y hasta más grande. La letra menuda es lo mismo que un ladrón con antifaz y camiseta de rayas, como los Chicos Malos de los comics de Tío Rico, circulando por la calle mondos y lirondos el de atrás con un brazo en el hombro del que lo precede.

Lo mismo sucede con ciertos comerciales de radio y TV donde la letra menuda es hablada: ofrecen el producto con melosa voz, despacio y coloridamente, y al final rematan con una retahíla vertiginosa que nadie entiende. ¿Cómo permite eso el Estado?

Y con la venia de quienes tienen este tipo de negocios y actúan honestamente, hay sitios de tremenda peligrosidad donde si no estamos atentos corremos el riesgo de perder nuestro dinero, como los talleres, los bancos, los centros comerciales y almacenes con sus gangas o realizaciones, y las EPS cuando nos atienden mal (cuando nos atienden).

Las ventas de propiedad raíz casi nunca aciertan entre comillas, siempre hay la manera de vender menos centímetros o metros de los ofrecidos. Los colegios son otros campeones: adicional a la mensualidad de rigor, durante el año piden a mansalva decenas de cuotas para todo tipo de actos, eventos y materiales que superan a veces la pensión y la lista de útiles inicial.

Otros "campos minados" son las pólizas de seguros, algunas escrituras públicas y promesas de compraventa, ciertas garantías de artículos, muchos concursos y premios ofrecidos por celular o Internet, una que otra estación de gasolina con sus medidores personalizados, las cajitas felices de McDonald's, partidos de fútbol cero a cero, universidades de garaje, y los comerciales de TV donde ofrecen objetos mágicos en los cuales por llamar en ese momento a comprar dizque rebajan los precios, obsequian otras cosas más e incluso otra y otra más y si no queda satisfecho le devuelven el dinero.

¡Qué manera de engañarlo a uno por Dios! Colombia es en letra menuda. En el escudo el lema de la cinta que ondea bajo el cóndor debería estar en letra menuda: "libertad y orden". Y también la Constitución, en gran parte de los derechos fundamentales y los no tanto, también debería ser impresa en letra menuda. Los discursos de los candidatos deberían ser declamados en toda su extensión así como terminan algunos locutores comerciales: en un trabalenguas raudo donde medio se alcanza a entender que "se aplican restricciones". No nos engañen más por favor; dígannos cuánto hay que dar de una y ya, para saber a qué atenernos y cuadrar nuestros presupuestos, de ser posible.

Y para no ir muy lejos: hay libros y hasta columnas de prensa que también deberían ir en letra menuda, como esta que termina que le puede salir cara al autor por meterse con los poderosos creadores de letras menudas.

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