Sentimiento desbordado y desfase financiero

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Escrito por:

Jairo Franco Salas

Jairo Franco Salas

Columna: Opinión

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El ambiente navideño desde ya se hace sentir en todos los rincones del país, mediante una sensación colectiva de emoción casi desbordada, donde la nostalgia, recuerdos, añoranzas se entrama entre sí haciéndonos vivir un momento efímero de sensación y alegrías que al final no es más que precaria y pasajera ya que viene otro ciclo y todo se transforma para dar inicio a otra época del año: Carnavales, fiestas regionales y así sucesivamente, nuestras vidas están enmarcadas dentro de un designio propio del destino de nuestra cronología.

La natividad contextualizada en su génesis representa el final de un año y la bienvenida de otro, ojalá ese espíritu de alegría, de entusiasmo colectivo perdurase en forma estable y sostenible, pero no es así, tal parece ser que los seres humanos nos sintiésemos impulsados por una fuerza vital externa que nos motiva a propiciar un cambio superficial en nuestras vidas; como muestra referencial de este testimonio, podemos destacar la valoración de un diagnóstico realizado por entidades que enfatizan que las personas en esta época se dejan contagiar fácilmente por un cambio irracional, ilógico a veces; de allí la efervescencia de un mundo acelerado por no decir vehemente, impetuoso; un ejemplo fehaciente lo constituye las largas filas que se observan por doquier en las grandes superficies para proveerse de indumentaria en general, calzado, vestido… qué decir del espíritu tradicional que nos lleva a estos momentos a exteriorizar un comportamiento estructurado dentro de una solidaridad cíclica y hasta mecánica que no hace más que engrosar los intereses de los mercantilistas.

No podemos pasar por alto la diversión: el baile, el licor, el menú gastronómico que nos compromete dentro de un mundo de elevada fantasía que al final es pasajero.

Adicional a todos estos ingredientes, la Navidad se nutre con un paisaje estético y de belleza natural de nuestro contorno, si se tiene en cuenta que nos esmeramos por pintar el frente de la casa, adecuar el jardín, luces, colorido.

En conclusión la Navidad nos atornilla a un sentimiento colectivo que año tras año desde épocas muy lejanas, ha permanecido enquistado en nuestras mentes para bien o para mal.

Pero lo más trascendental de todo este cúmulo de manifestaciones es que se requiere de diseñar e implementar un espacio de reflexión y autocritica, porque muchas veces lo tiramos todo por la ventana y llega el Año Nuevo y nos encuentra con los bolsillos vacíos, en un enorme déficit presupuestal de orden individual, familiar y social; esto no es lo correcto, el sentimiento desbordado debe tener su control, no es posible que derrochemos los pocos ahorros y nos endeudemos en demasía en la época y a los pocos días se lleven electrodomésticos a las casas de empeños; por eso, bien decía Bertrand Russell: el mundo de las finanzas es prioridad Uno A para el desarrollo social de cualquier proyecto en el mundo.

Esto es una realidad que los latinos y colombianos no estamos lo suficientemente preparados y formados para enfrentar las adversidades de cualquier índole que puedan surgir en las iniciativas en forma de programas proactivos.

Aquí cobra importancia saber, predisponernos al máximo, a ahorrar cada día. Todos estos retos podemos enfrentarlos con el advenimiento de una nueva fecha en el calendario, caso patético de la Navidad y el saber retar las futuras fechas: el año escolar y todo lo que conlleva al compromiso de cumplir a cabalidad con los requerimientos establecidos dentro de la normatividad en estos menesteres.

Tal vez esta circunstancia y manifestación tradicional muchas veces desbordadas, no represente un trauma para aquellos que tengan una economía estable, manejable, pero desafortunadamente para quienes se encuentran en los indicadores de escasos recursos, la cosa es distinta.

Se requiere enseñar desde la niñez a través de un proceso de formación y valoración donde el análisis y la reflexión se constituyan en fuente de inspiración para que la juventud sepa adoptar la tradición y no dejarse envolver en sus facetas negativas; interpretar el mensaje que estas fiestas representan y sacar al máximo el provecho si es así de su fondo y contenido; no dejarnos arruinar por estas circunstancias; quienes planifican triunfan.

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