Usar palabras amables

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alberto Linero Gómez

Alberto Linero Gómez

Columna: Orando y viviendo

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¿Las palabras que utilizas hacen sentir bien a los demás, o les hacen la vida más difícil? No podemos perder de vista el valor que tienen las palabras positivas para tener relaciones interpersonales tranquilas al lado de la gente con la que diariamente compartimos la vida que Dios nos regala.
Tal vez no somos conscientes de lo que decimos, ni la forma como lo hacemos, pero las palabras transmiten mensajes claros a los que nos rodean y, a veces, los hacen sentir poco valorados o no tenidos en cuenta. Por ejemplo, el padre que le dice a su hijo adolescente en un momento de exasperación después que le ha pedido un permiso para salir con sus amigos: ¡Vale, te dejo salir, y ahora déjame en paz de una vez! ha hecho una afirmación positiva pero con palabras poco amables. Cuando el hijo adolescente sale, se siente distante de su padre.
Te propongo, desde lo que plantea el doctor Gary Chapman, cuatro aspectos para aprender a usar palabras amables.
Primero, sé consciente de la importancia de las palabras: ellas son lo bastante poderosas como para dar vida o muerte; una forma de ser más consciente de eso es escuchar las palabras de los demás, puedes incluso anotar las palabras amables que oyes a los otros a lo largo del día y hacer una lista de las palabras desagradables que oyes.
Segundo, escúchate atentamente cuando hablas: para convertirlo en un hábito, pregúntate después de que hables con otra persona ¿Qué clase de palabras he utilizado y qué palabras poco edificantes he dicho? Después, vuelve con la persona con quien has sido poco edificante y pídele perdón; como yo sé que disculparse puede ser difícil, será un buen recordatorio para que cambies tus palabras.
Tercero, sustituye las palabras poco edificantes por palabras edificantes: Puedes iniciar en privado; cuando ves que le estás diciendo cosas desagradables-por ejemplo-a un conductor que casi te atropella ¿Por qué no cambias las palabras? En lugar de decir: ¡imbécil, me vas a matar! cuando transformas las palabras en privado para convertir una afirmación negativa en una positiva, es más probable que lo hagas también en público.
Cuarto, recuerda lo valiosa que es cada una de las personas con las cuales tienes contacto: Todos nosotros tenemos un papel único en la vida; recibir y dar amor es parte de ese papel, aunque a veces haya personas a las que parezca imposible amar; si tienes siempre presente lo importante que son todas las personas, es mucho más probable que les ofrezcas palabras amables.
Puede ser fácil caer en el hábito de provocar y descalificar a los demás, sobre todo cuando la otra persona es un miembro de la familia. Es bacano cuando uno escucha gente que habla con amabilidad y hace sentir a los demás valorados y respetados, las parejas que nunca pierden las palabras amables en la relación, crean ambientes agradables que los llevan a buscar siempre la compañía de la otra persona.

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