La ausencia de un amigo, Jaime Llanos Delghans

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Escrito por:

Alberto Linero Gómez

Alberto Linero Gómez

Columna: Orando y viviendo

e-mail: palbertojose@hotmail.com

La muerte se presenta como una de las realidades más enigmáticas de nuestra existencia. Nada sabemos de ella. La experimentamos siempre a través de otras personas. Nos hace cuestionarnos por el sentido de la vida, y preguntarnos si tantos esfuerzos que hacemos tienen sentido. Desde la razón no encuentro ninguna palabra que me tranquilice frente a su llegada, desde la fe se me abren puertas de posibilidades y de sentido.

Cuando una persona cercana a mi muere, se me dispara la Tanatofobia. Me rebelo contra la vida misma y le reclamo el por qué tenemos que ser mortales. Me enfrento con mis sentimientos a la realidad de que esa otra persona ya no estará más y, entonces, me da miedo que falten los más cercanos. Es el momento en el que siento miedo de la muerte y me arrodillo ante el Santísimo esperando que desde su silencio me susurre una palabra que me tranquilice. Pero, a la vez, se me dispara mi Tanatofilia, mi deseo de morirme inmediatamente para poder experimentar lo que hay en ella, para poder saber si es como decía un amigo: "un paso a la nada" o si es ese encuentro feliz con el Padre Dios; quisiera saber si la apuesta que he hecho por Dios es verdadera. Pero sé que no puedo porque no hay nada mejor que la vida y tengo que vivirla a plenitud hasta que el Señor, mi Dios, de su orden de irse.

Todos estos pensamientos los he vuelto a tener despelotados en mi cabeza con la muerte de un amigo, a alguien que conocí en mi infancia en el barrio Olivo: Jaime Antonio Llanos Delghans. Lo recuerdo en mi infancia como el Profe Llanos, como alguien serio y amable. En el último tiempo habíamos estado más cercanos y me hacía sentir su aprecio, su admiración y respeto. Siempre había un mensaje en el tuiter para mí y una continua invitación para que compartiera con los alumnos de la Universidad del Magdalena. Lo recuerdo como alguien afable, alegre, capaz de pensar la vida y siempre de palabras respetuosas. Ore mucho por él, le pedí al Señor, en repetidas veces, que actuara con su poder en él. Sé que Dios hace su voluntad y que esa es lo mejor que puede pasarnos. Me duele encontrarme con los mensajes tristes de sus hijas en el face, pero también descubro su inmensa fe en el Señor de la vida y su apuesta de que algún día nos vamos a ver en el paraíso y volveremos a hablar de la vida y de las ilusiones.

La única manera de irle ganando espacio a la muerte es gozar cada minuto, cada instante que tenemos con las personas que amamos y que son importantes para nosotros, porque eso no nos lo puede quitar nadie. Por eso te invito a expresarle todo el cariño que sientes a aquellos que están cerca, a manifestarles que los amas y que son importantes para ti, a abrazarlos y a hacerlos felices. Eso es lo que queda en el corazón mientras esperamos encontrarlos del otro lado en la presencia del Señor.

Para los creyentes la muerte no es la última Palabra. Creemos que es una pascua, un paso a la presencia de Dios. Seguimos haciendo nuestra la Palabra del Señor Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá (Juan 11,25) o entender todo como Pablo: "Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia"(Filipenses 1,21). Por ahora seguiremos viviendo con todas las ganas y aguardamos el tiempo del Señor. Al fin y al cabo Charles Chaplin tiene razón: "más inevitable que la muerte la vida misma", vivamos.

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