La rebelión de los convidados de piedra

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Escrito por:

Jorge García Fontalvo

Jorge García Fontalvo

Columna: Opinión

e-mail: jgarciaf007@hotmail.com

Lo expresaron vehementemente los organizadores del certamen antes que este iniciare: "El Mundial del 2014 debe ser el mejor de la historia", y verdaderamente ha sido así. En el campo futbolístico claro está.
El fútbol, al igual que todo lo demás en el planeta, ha experimentado cambios y transformaciones esenciales que alteran de una forma u otra el orden de las cosas. El campeonato mundial, independiente de lo que pueda suceder de cuartos de final en adelante, dejó de pertenecer a la élite.
En la actualidad no se puede hablar de los favoritos de siempre como se hacía en otros tiempos, porque las estrategias técnicas, los planteamientos tácticos y el apoyo irrestricto que los estados dan a sus selecciones resquebrajaron los condiciona-mientos predefinidos alguna vez.
Basta con observar la reacción del presidente Mujica y de todo el pueblo uruguayo ante la sanción de Luis Suárez para comprender que las naciones en todo el mundo, durante el siglo XXI, especialmente Latinoamérica y África, luchan sus guerras hasta en los campos de fútbol.
En el Mundial de Brasil está en juego mucho más de lo que creemos. El honor, la esperanza de un mundo más justo, ansias de ganarse el respeto de la comunidad mundial, figuración personal, entre otras cosas, motivan a los gladiadores de la cancha y a los fanáticos de este deporte a superar en justa lid las circunstancias peligrosas que el juego y la vida en general les depara.
Las cargas se han equilibrado. Los chicos no son tan chicos, los grandes no son tan grandes y los partidos ya no se ganan por nombres o por historia como equivocadamente lo han repetido hasta el cansancio Pelé, Maradona y Mouriño.
Primero España sucumbió en manos de Chile. Luego Inglaterra e Italia sufrieron por causa de los embates de Costa Rica. A los anteriores también se les sumó la selección de Portugal que mordió el polvo con Estados Unidos. En fin, éstos son solo algunos de los casos en que David venció a Goliat durante el desarrollo de la Copa Mundo Brasil 2014.
Tampoco podemos olvidar que Colombia con James Rodríguez (El goleador del torneo hasta hoy), eliminó a la selección uruguaya campeona mundial en 1930 y 1950. Y que México, Chile y Argelia dieron dura pelea a Holanda, Brasil y Alemania en octavos de final.
De la misma forma en que los chicos se levantaron en contra del régimen elitista y cerrado que rige las instancias del fútbol mundial, los chicos de la tierra se han rebelado en contra de la injusticia.
El caos y la injusticia por un lado, así como el inconformismo y el desconcierto generalizado de una sociedad maltrecha por otro, es lo que se aprecia en las calles de las principales ciudades del planeta.
Las luchas se han extendido en el seno de las comunidades porque los gobernantes se olvidaron del dolor de sus conciudadanos, y se empecinaron en construir estructuras económicas, políticas y religiosas cerradas destinadas a satisfacer los caprichos de unos cuantos.
El fútbol se salió de los estadios para incursionar en el ámbito de los sistemas políticos y socio-económicos. Y también para definir elementos sustanciales de nuevas formas de pensar acerca de la verdad y la justicia, como se observa al interior de las comunidades más vulnerables en Brasil.
Los que alguna vez respiraron fútbol y se desentendieron del dolor de sus semejantes, hoy gritan ofendidos hasta el cansancio, consignas en contra de los regímenes enfermos que maltratan a las comunidades.
No son solo borrachos, vándalos, o conductores irresponsables los que levantan su voz en una celebración por causa del fútbol. No, también los inconformes de la tierra luchan las causas justas, y se levantan valientemente para recriminar la actuación criminal de los que gobiernan y gobernaron indecentemente los pueblos de la tierra.
Y como se levantaron los chicos en contra de la corrupción, el fanatismo y la ambición, hoy existe una esperanza para las futuras generaciones. Porque cansado están de ver como los grandes siempre se llevan los honores.
Esta vez observamos la rebelión de los convidados de piedra del fútbol. Mañana, tendremos que participar indudablemente de la rebelión de los convidados de una sociedad maltrecha, porque el mundo alguna vez tendrá que ser mejor. De eso no tengo duda.

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