La borrachera reeleccionista y el guayabo de la realidad

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Escrito por:

Halinisky Sanchez Menéses

Halinisky Sanchez Menéses

Columna: Opinión

e-mail: halinisky@hotmail.com

El alcohol es una droga que tiene la particularidad de generar estados de euforia en quienes lo consumen, cuando se está borracho la vida se ve de otra manera, el feo se cree bello, el tímido se convierte en una persona desparpajada, en la borrachera todos son ricos y valientes, pero esta nueva realidad que se construye edificada en el alcohol no es más que eso una ilusión óptica, un paraíso mentiroso, bien no lo recuerdan las sagradas escrituras: "No te fijes en bebidas embriagantes que atraen por su color y brillo, pues se beben fácilmente, pero muerden como víboras y envenenan como serpientes.

Si las bebes, verás cosas raras y te vendrán las ideas más tontas. Sentirás que estás en un barco, navegando en alta mar. Te herirán, y no te darás cuenta; te golpearán, y no lo sentirás. Y cuando te despiertes sólo una idea vendrá a tu mente: Quiero que me sirvan otra copa (Proverbios 23: 31-35 TLA)".
Colombia también vive una borrachera con la reelección del presidente Juan Manuel Santos, pues solo un estado temporal de embriaguez puede explicar lo sucedido el 15 de junio del presente año, no deja de sorprender que en un mismo recinto personas tan disimiles como Clara López del Polo, los conservadores, los homosexuales, algunos cristianos, Cesar Gaviria y Horacio Serpa del Partido Liberal, Carlos Fernando Galán de Cambio Radical, Antanas Mockus, Los Ñoños del Partido de la U, los verdes Claudia López y Navarro, y los progresistas, abrazados celebraban y vitoreaban la reelección del Presidente Santos.
Pero eso no es todo, en medio de la borrachera el Presidente en su discurso agradeció a la señora Mercedes que se hizo famosa en un video donde bautizó al doctor Óscar Iván como "Zurriaga" y al presidente Santos como "Juan Pa", y terminó dándole vivas a Gustavo Petro, el izquierdista alcalde de Bogotá, a quien él mismo firmó su destitución hace un par de meses.
La imagen a cualquier observador desprevenido le ameritaría considerarla una obra del teatro del absurdo, en nuestro país la euforia ensombrece la realidad, nos encanta emborracharnos de espectáculos circenses y de discursos ingenuos, nos drogamos con una realidad ficticia construida por el gobierno y los medios de comunicación, para no afrontar la realidad verdadera, y la realidad verdadera no es otra que el desarme de las Farc y el Eln no se traducen en paz, la paz no es posible en este mundo, es más ni siquiera llegará a convertirse en la pacificación militar del país, el proceso de La Habana y ahora con los elenos, se ha convertido en el chivo expiatorio que esconde los reales problemas de este país.
Las estadísticas no mienten, en el país existen 14,8 millones de personas en el umbral de pobreza y 4,7 millones en la indigencia. El 20% del ingreso nacional va a parar a manos de un 1% de la población, en el país hay 800 municipios que tienen un índice de pobreza superior al 66 por ciento, el 10 por ciento más rico de la población se queda con la mitad del PIB mientras al 10 por ciento más pobre apenas le caen de la mesa las migas del 0,6 por ciento del PIB. Las diferencias regionales son aún más escandalosas. El ingreso por habitante del chocoano medio es la sexta parte del de un bogotano, para colmo de males en Colombia los niños pobres tiene el doble de la probabilidad de muerte antes de los cinco años que los niños ricos, la brecha entre un niño pobre colombiano y un niño rico es del 87 por ciento.
Las diferencias entre Santos y Óscar Iván Zuluaga son más cosméticas que de otra cosa, el problema en Colombia es el modelo económico, ese modelo neoliberal que importó Cesar Gaviria que ha arruinado espiritual y productivamente a millones de personas donde se ha implementado, además de destruir los recursos naturales, son entendibles los reclamos de la derecha en el sentido de que no podemos permitir que el país termine como Cuba o Venezuela, pero el hecho de que rechacemos con vehemencia el populismo "castrochavista", no es óbice para que con esa misma vehemencia rechacemos un modelo económico que solo enriquece a terratenientes, banqueros, y multinacionales, en desmedro de millones de colombianos que enfrente el día a día en un lugar donde el trabajo digno, el acceso oportuno a la salud, la educación de calidad, la justicia pronta y eficaz simple y llanamente no existe.
Esa es nuestra realidad, la cruda realidad de un país donde el pez grande se traga al chico, un país que es un paraíso para las multinacionales, los terratenientes, los banqueros, y los políticos, pero un infierno para la madre soltera con cuatro hijos que debe pararse en un semáforo a vender golosinas y que vio morir a su marido en la puerta de un hospital como producto del paseo de la muerte.
Los colombianos que no hemos caído en la embriaguez reeleccionista, somos conscientes que la paz de Santos y de la reelección es en gran parte una estrategia electoral o de marketin publicitario, pero que no habrá tranquilidad pública a menos que sobriamente decidamos los colombianos elijamos un gobierno históricamente diferente que se atreva a meterle mano a nuestro sistema económico, una economía para la vida donde la propiedad, la prosperidad, la vida, la nutrición, el acceso y las oportunidades sean para todos, o al menos para la inmensa mayoría.
Clavos y Canela: El Doctor Álvaro Uribe no deja de patalear por la derrota de su candidato, es víctima de su propio invento, pues fue usted Doctor Uribe que cambió la Constitución para reelegirse, fue usted querido expresidente que diseñó la reelección para que el Presidente siempre se reelija, como quien dice usted pierde por cara o pierde por sello.
Cristo nos redima.

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