Barranquilla: ¿arrollada?

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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

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Barranquilla siempre ha sido muy particular; pasan cosas positivas pero acompañadas de hechos insólitos. Hoy tiene "al mejor Alcalde del país" pero está totalmente "arrollada."

No se trata solamente de los históricos arroyos que en medio de este invierno paralizan como siempre a la ciudad, sino de otros eventos como barrios enteros mal construidos que se caen como castillos de naipes y una colección de huecos en las calles y avenidas que compite con la crítica situación de Bogotá.

La llegada ya es traumática: una circunvalar que a las dos de la mañana es un completo moridero, con lámparas apagadas en medio de una oscuridad que asusta y unos cráteres en el pavimento que ponen a prueba a los cansados conductores. Una bienvenida muy poco estimulante.

Eso sí, se evita el espectáculo de observar a las "palmeras tristes" que ni con la incesante lluvia han logrado reverdecer.

Se han hecho esfuerzos, sin duda: se han pavimentado calles en barrios pobres, con el apoyo de la comunidad, lo cual es loable así como los nuevos centros de salud en sitios estratégicos. Además, todos le reconocen al Alcalde sus esfuerzos por sanear la crisis financiera en que encontró la ciudad. Un gobernante no saca semejantes niveles de aprobación sin hacer nada.

Muy oportuno entonces el foro organizado por el Partido Verde, al que invitó expertos nacionales y locales a pensar sobre el futuro de Barranquilla.

Enrique Peñalosa afirmó: "Barranquilla necesita una reforma urbana urgente", "la mitad de la ciudad está construida en la ilegalidad," y de manera gráfica describió cómo en esta ciudad se atropella al ciudadano.

Se demostró en este foro que, a diferencia de otros municipios, Barranquilla no sólo cuenta con excelentes y preocupados arquitectos y especialistas en temas urbanos sino con analistas serios, profesores de las universidades locales.

Quedó claro que sí se está pensando en el futuro, que sí existe conocimiento para hacerlo mejor. Y ante la pregunta de si este drama de los arroyos tiene solución, es evidente que el problema está en la cabeza de muchos expertos. Lo que se requiere es la decisión política y un manejo menos corto placista de los problemas locales.

Dos temas surgieron: primero, la necesidad de no decirse mentiras sobre las realidades sociales y económicas de Barranquilla y segundo, la carencia de un mejor liderazgo. El ejemplo más claro es lo que sucede con el mercado laboral en esta ciudad.

Se ha vuelto orgullo local el tener el desempleo abierto más bajo del país. Pero una mirada cuidadosa demuestra que en esta ciudad casi la mitad de la población en edad de trabajar está absolutamente ociosa y sin interés de dejar de serlo porque ni trabajan ni buscan empleo.

Si son jóvenes, ni estudian ni trabajan, como se denunció desde 1980 en un Foro de la Costa, como una patología social. Si son mayores, gran parte se debe a la carencia de verdaderas oportunidades. Ni siquiera son trabajadores sin remuneración que laboran por un plato de comida, como sucede en el resto del país.

¿La solidaridad de la familia costeña explica esta "inactividad" ante un mercado más informal que el promedio del país?

Menos triunfalismo, más realismo permitirá elaborar el camino hacia un futuro mejor.

Pero el punto de partida es la renovación del liderazgo político; la ruptura entre lo privado y lo público. No más los mismos con las mismas. Excelente que sea un debate de partido y no sólo la feria de candidaturas.