El teacher

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

Entre lágrimas este amigo me decía que no había estudiado nada porque en nuestras épocas no se había descubierto la dislexia ni el déficit de atención ni ninguna de las otras siglas raras que hoy sufren nuestros jóvenes.

Me decía que el cuento aquel de la época de que la letra con sangre entra, le había dañado la autoestima y por eso siempre pensó que solo servía para fumarse y beberse la cuantiosa fortuna que heredó. Según él, derramó mucha sangre pero la letra no le entró…pero en la pista de baile es un trompo.

Que nos digan de una vez en qué consiste la tan esperada reforma educativa; y mientras la publican, repaso mi paso por el sistema educativo colombiano para que nuestros jóvenes aprecien lo que tienen.

Los docentes de mi época tenían a su disposición toda una serie de herramientas pedagógicas para estimular el aprendizaje. En un colegio en el que estudié, el profesor tenía sobre su escritorio dos ladrillos, lo cual interpreté mi primer día de clases como una metáfora alusiva a la educación como base para construir futuro y progreso.

Muy pronto descubrí que los ladrillos eran parte de un ritual místico para los alumnos necesitados de perdón. El torturado, perdón, el alumno desaplicado, debía hacer la elevación de los ladrillos al astro rey cuando estaba en su punto más alto, de rodillas, por media hora y sin bajar los brazos.

Otra de las herramientas preferidas de los docentes, eran unas reglas de cien de largo, cinco de ancho, y uno y medio centímetros de grosor, preferiblemente de roble, cedro o guayacán, manufacturadas con esmero donde Maiguel. ¡Como calentaban las manos!

Ni que decir del tiro al blanco o lanzamiento a altas velocidades de mochito de tiza o borrador, jalada de patilla, cocotazo o coscorrón seco o ensalivado, perforación del lóbulo de la oreja, diez vueltas al campo de futbol, el temido pellizco en sus distintas modalidades y el pisotón. ¿Así quien no iba a aprender? O por amor al estudio o por terror a derramar sangre inocente a manos del profesor.

No crean que esta cruenta pedagogía sea cosa del pasado. Por el contrario, estos métodos aún mantienen su vigencia y son altamente efectivos combinados con la mayéutica socrática, ya que mejoran la memoria y las habilidades de comunicación, tal cual ha sido comprobado en Guantánamo, Cuba. Así que lo que le faltó a mi amigo para triunfar fue la Maye.

Una vez un gringo hizo en el colegio una demostración de basquetbol impresionante. Llegó el momento de agradecerle y nadie hablaba inglés; el rector ordenó que encontraran al teacher. Los bloques de búsqueda no daban con el paradero del teacher, pero finalmente alguien lo descubrió encerrado en el baño.

Le explicó al rector que tenía diarrea. El rector que era un tipo impaciente, le pidió agradecerle al gringo la demostración. Los aprendices de gringo estábamos trasportados porque íbamos a ver al teacher en acción. El teacher dijo algo, y el gringo no le entendió, y el sapo que nunca falta gritó: ¡erda cállense que no dejan oír al gringo!

Silencio absoluto, y el teacher balbuceó algo que sonó como guacharaca, la matraca, y el gringo nuevamente dijo yo no comprender. Esa vaina se escuchó tres kilómetros a la redonda, y al teacher el sofoco hizo que se le agolpara toditita la sangre en la cabeza, y creo que después se le fue a toditita a los pies porque perdió todas las referencias cromáticas y quedó trasparente. ¡Pobre hombre! Hasta pitoniso debía ser, y era verdad que andaba directo anticipando el mal rato que el futuro inmediato le deparaba. Lo cierto es que si estaba escondido en el baño rogando para que nadie lo encontrara. Y todavía dicen que la docencia no es una profesión sufrida. Total, así fue como aprendí inglés.

En contraste, a mi papá le oí decir muchas veces que en Santa Marta hubo una señora que aprendió inglés en el muelle metiéndole conversa a cuanto gringo pisaba tierra samaria. No sé cómo, porque mi no hablaba inglés, pero mi papá juraba y rejuraba que la señora hablaba perfecto inglés. Me hubiera ido mejor aprendiendo inglés en el muelle, y gratis.

Hamilton Haki era un negro en la Sudáfrica racista y el que de verdad realizó el primer trasplante de corazón humano. No tuvo acceso educación formal y trabajaba con animales, pero tuvo la motivación para aprender, y sin entrenamiento formal médico, hizo lo que hizo.

Muchos han aprendido desde una ventana mientras enseñaban a otros, o estudiando en las condiciones más difíciles, caminando kilómetros para ir a la escuela, o estudiando a luz de vela o de alumbrado público, o venciendo barreras físicas increíbles. El hambre de saber no conoce de dificultades.

Podemos hacer la mejor reforma educativa del mundo, con las herramientas pedagógicas más avanzadas, pero todo será en vano si nuestros jóvenes no tienen hambre por saber. Para aquellos que realmente quieren aprender, el mundo es un salón de clase y cada evento de la vida una lección.

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