Erase una vez en un salón de clases

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jorge García Fontalvo

Jorge García Fontalvo

Columna: Opinión

e-mail: jgarciaf007@hotmail.com

Hace un tiempo, en mi época de estudiante, ingresaba diariamente a las aulas de clases contrariado porque no deseaba escuchar a mis maestros hablar acerca de acontecimientos históricos, geografía del Magdalena o Colombia, o tal vez de temas relacionados con las ciencias. Como es de suponer, aunque me gustaba conocer cosas inimaginables e interesantes, prefería pasar tiempo con los amigos del alma.

Pese a mi rebeldía juvenil, desde muy temprana edad se había inculcado en mi pensamiento la importancia de ser alguien en la vida. Y para ser alguien en la vida, decía mi madre, debía necesariamente estudiar incluso aquello que no deseaba conocer.

En fin, no era cuestión de gusto, sino de obedecer por las buenas o por las malas la voluntad de los padres. Aunque no lo crean, hoy pienso que ellos tenían razón, pues saben que es lo mejor para sus hijos. Bueno tal vez en esa época, porque hoy parece ser que a los padres no les interesa guiar adecuadamente a su descendencia.

En la actualidad, si el joven asiste a clases o no, para una parte importante de padres en Colombia da lo mismo. La educación de los hijos no es responsabilidad de los padres, sino de quienes pueden hacerse cargo de ellos. Porque por razones obvias, padre y madre deben trabajar al mismo tiempo para sostener con cierto grado de dignidad a la familia.

Mientras en el pasado aprendí de grandes maestros, sobre la importancia de conocer la vida y obra de los precursores de nuestra independencia hoy, los jóvenes ingresan a ciertas instituciones de educación a destruir los recuerdos de nuestra historia simplemente, para cambiarlos por la contaminación horrorosa que deja la guerra, la violencia y el terrorismo.

Hoy, no es importante conocer acerca de Santander, sino de un bandido importado de Argentina que se adora como Dios. Según algunos "filósofos ilustres, forjados en la sabiduría y el conocimiento", Santander es un criminal porque se opuso a la gestación del mini-imperio que deseaban instaurar algunos personajes oscuros en América del Sur.

Como lo ven, hoy Santander es un criminal, pero el Ché, Tirofijo, Jojoy, Timochenko, los terroristas del secretariado de las Farc, el Eln, el M-19, el Erg y el Epl, son los héroes de Colombia. Qué absurdo ! , hasta donde ha llegado la inversión de valores.

Parece ser que algunas universidades en Colombia, en vez de contribuir con la formación de seres humanos íntegros, interesados en transformar honestamente un mundo que se cae a pedazos y muere por causa de la corrupción y la inmoralidad, se han dedicado a crear terroristas. La ciencia de hoy, en esos establecimientos, está enfocada principalmente a la fabricación de papas explosivas y otros elementos de guerra, en vez de la búsqueda de la paz, la justicia, y la construcción de un mundo mejor.

Cuanto añoro el recuerdo de mis ilustres maestros.

¿En qué sitio recóndito del pasado han alejado a estos seres sedientos de conocimiento, sabiduría y buenas costumbres? No lo sé, tal vez para la juventud ellos son simples fósiles o extintos dinosaurios. Pero aunque no lo crean, en el espíritu honesto de los hombres y las costumbres del pasado, está la solución a los problemas de hoy. ¡Qué vivan los héroes de mi patria amada carajo!