Que salgan del corral y que sean felices

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

La aprobación del matrimonio igualitario se hundió en el Senado de la República en donde fue derrotado por mayoría. Sin embargo esto no puede llevarnos a pensar que es el fin del debate. Solo estamos ante una pausa política más no ante una pausa en otras esferas de la vida social.

Comienzo por decir que los seres humanos no deberían ser discriminados por su orientación sexual. El peso de tener una doble vida lleva a la desesperación, a la depresión y muchas veces al suicidio. Sin embargo, considero que las ideas de matrimonio igualitario y familia alternativa son equivocadas.

El matrimonio como está concebido hoy no es discriminatorio. No hay nada más universal e igualitario, aunque exija y presuponga la diferencia de género.

La familia y el matrimonio distan mucho de ser una de las tantas ficciones jurídicas generadora de derechos y personas donde no las hay. La familia y el matrimonio son ante todo instituciones dictadas por la naturaleza, yante ellas el derecho es meramente declarativo; es decir, reconoce una realidad natural, y nada más. Para ilustrar lo dicho, decir que Paris existe no hace que exista sino simplemente reconoce una verdad incuestionable.

Las instituciones de la familia y el matrimonio trascienden la esfera jurídica, son realidades metajurídicas, que son por definición y esencia intocables e inmutables.

La esencia del matrimonio se contrapone a cualquier posibilidad de que éste se fundamente en la orientación o preferencia sexual. Baste recordar que en el tema de las preferencias sexuales, tenemos los verdaderos amantes de los animales, o zoófilos que llaman, y otros filos que es mejor no mencionar.

Si el matrimonio tuviera como base la orientación sexual y no la diferencia de género, tendríamos que darle derecho pensional a María Casquito -persona es cualquier cosa que el derecho quiera-, y en aras de lograr la igualdad que se pretende, tendríamos que aceptar que los amantes de las burras salieran del corral y tuvieran familias alternativas. Las ficciones dan para todo.

El cuerpo humano es de hombre o de mujer, y no hay más. Y así como el agua se compone de dos moléculas de hidrogeno y dos moléculas de oxígeno, algo similar sucede con la familia y el matrimonio. Hombre más mujer, igual a matrimonio, y si tienen hijos, igual a familia. Es una fórmula que no es susceptible de cambiarse por más que se quiera. Cuatro moléculas de hidrogeno o cuatro moléculas de oxigeno no producen agua. De hecho la naturaleza y el universo todo, están diseñados sobre la complementariedad de los contrarios.

Todos los que se dicen tener preferencias sexuales por los de su mismo sexo, o son hombres o son mujeres. En lo referente al matrimonio tienen el mismo derecho que cualquier hombre o mujer, pero sin desvirtuar la institución. A un hombre homosexual nadie le ha quitado ni negado nunca la posibilidad de casarse con una mujer, y otro tanto va para las lesbianas. Así que no puede hablarse de discriminación.

En el campo de las ficciones legales, podríamos pretender que la relación entre homosexuales es matrimonio, y que si adoptan hijos o de alguna forma los tienen, son familia. Sigue siendo una ficción, y nunca serán ni lo uno ni lo otro, así como cuatro moléculas de hidrogeno nunca producirán agua. Me atrevo a pensar que la discriminación social contra este tipo de situaciones aumentaría, ya que el rechazo es instintivo y natural, y contra esto no hay ley que valga.

La ambivalencia entre mente y cuerpo presente en una persona que siente atracción por los de su mismo sexo plantea dilemas de todo tipo, pero uno esperaría que la ciencia pronto encuentre una solución viable a este rompecabezas de la naturaleza. Y ojala la solución se oriente a buscar la armonía de la mente con el cuerpo y no lo opuesto, que ha sido el camino caminado hasta el momento.

El matrimonio y la familia como instituciones primarias e intemporales que son, deberían ser inmunes a los vaivenes producidos por las "nuevas realidades sociales".

La familia y el matrimonio son los cimientos más fundamentales de los cuales depende no solo la supervivencia de la especie humana sino también la de las culturas y civilizaciones que la caracterizan, y por esto deberían ser intocables…pero hay gente necia.

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