Suárez Rojas Víctor Julio o ¿Mono Jojoy?

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

O Marín Marín Pedro Antonio o ¿Tirofijo?; o Devia Silva Luis Edgar o ¿Raúl Reyes?; o Sáenz Vargas Guillermo León o ¿Alfonso Cano? Aunque no sé si sea el caso de los tres, esa es la disyuntiva para muchas personas en Colombia,

y a fe que al margen del poder económico o político que otorga cualquier tipo de fama, hay que pensar muy en serio en las mínimas posibilidades de movilidad social que tiene la mayoría de colombianos, lo cual se convierte en un explosivo fatal cuando se suma a la ausencia de valores y de respeto a la vida.

"Por fortuna me metí a la guerrilla, de lo contrario hoy no sería nadie", dijo el Mono Jojoy según cita de Humberto De la Calle Lombana en reciente columna de prensa. Aunque el sesudo artículo "La otra cara del diálogo" (El Espectador.com 25-9-10) trata de la supuesta inefectividad del diálogo con los grupos guerrilleros, deja al final semejante frase de Jojoy, cuyo análisis profundo la convierte en una afirmación de una carga social inmensa, que quizás encierre parte de la historia de Colombia y de muchos países.

Sobre la frase en sí, el ex vicepresidente De la Calle sólo hace un breve análisis al final, no por ello falto de razón y de importancia: "Pero sí que es necesario abrir caminos en la sociedad. No como parte de una negociación, sino como designio propio del Estado social de derecho... Sociedad sin caminos de superación igualitaria estará condenada."

Las personas que toman la decisión de la lucha violenta o del delito en general, pueden tener varias motivaciones: ambición económica, venganzas o la búsqueda de cierto poder político. En este escrito no quiero entrar en la discusión, que la merece como de hecho ha sucedido y pasa, sobre si la pobreza y la desigualdad son las causas de la guerrilla colombiana. Pienso que han tenido que ver, pero no en las proporciones ni con la duración que nos ha tocado sufrir.

Hay muchos casos notorios de personas que toman ese camino porque sus padres o familiares fueron víctimas de otras violencias (o de la misma), de algunos que lo hacen porque ven ese medio como una posibilidad de llegar al poder, de otros que lo adoptan para incrementar sus recursos económicos o simplemente para vivir. De todo hay. Pero poco se ha analizado la causa contenida en la frase de Jojoy, así no sepamos qué tanto fue esa la que determinó su destino: La necesidad de reconocimiento social, sea como sea.

Es una necesidad entendible y justa inherente a casi todos los seres humanos de una u otra manera. Cuando en una sociedad los caminos lícitos son tan estrechos como en Colombia, los ciudadanos buscan otras rutas para poder ser "alguien". Si bien es cierto las otras causas deben también trabajarse, esta poco se analiza, y muchas veces su solución no es tan difícil ni costosa como se piensa.

Es más: incluso personas con medios económicos para vivir, y hasta para vivir muy bien -materialmente-, recurren a varias formas antiéticas o ilícitas para hacerse sentir, para decir que ahí están, que tienen un nombre y que no son uno más en una sociedad plana por excluyente. Se dirá que es vanidad, pero se trata de un sentimiento normal.

Y que conste: No acepto que la búsqueda de reconocimiento ni de nada justifiquen el delito o la violencia, pero en Colombia sí debemos tener en cuenta esa causa como una de tantas que nos han llevado a la situación actual.

Somos una sociedad anquilosada, que navega en un lodo muy espeso difícil para la movilidad social, donde incluso parece que imperara la sucesión real del poder.

En Colombia, a veces sin importar el dinero que se tenga, y en especial en el campo y en los pueblos, los ciudadanos tienen muy pocas posibilidades de surgir y cambiar su historia y, por qué no, la de sus regiones y de su país.

No sólo a causa del poco estudio, sino también, y esto es lo peor, de los ancestros, apellidos y hasta la raza. Sin duda, muy costoso nos ha salido el hecho de que en el llamado a lista social no podamos decir todos: ¡Presente!

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