Los correos de Colombia.

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Bustamante Barros

Carlos Bustamante Barros

Columna: Columna Caribeña

e-mail: [email protected]

De los correos nacionales se empieza tener noticias desde los momentos germinales del propio descubrimiento de América, cuando en el año de 1514 la reina doña Juana le concedió las facultades de correo mayor de las indias occidentales a don Lorenzo Galindez, este servicio fundamental para unir a los pueblos fue estrictamente privado de tal modo que los descendientes del citado se establecieron en lima quienes trataron de establecer líneas de correos pero fracasaron en su intento.

Refiere la historia que con la llegada de la dinastía Borbón a principios del siglo XVIII, los correos pasaron entonces a la corona española en la cual las cartas se enviaban por medio de peones particulares o por conducto de trajinantes (entiéndase transportadores), para incorporar la renta de correos a sus haberes, durando dos siglos y medio, pero la situación de los correos llego a ser critica por lo cual don José Pizarro resolvió establecer por su propia cuenta las líneas de correo entre Santa fe, Cartagena y Quito.

Posteriormente en el año 1750 se dio inicio a lo que se llamó "la línea de Cartagena " que consistió en el recorrido Santa Fe - Villetas -Guaduas-Honda-Nare-el Banco-Mopox-Tenerife-Barranca del rey-Cartagena ; asimismo también empezó lo que fue designado como la "carrera de Popayán" con el itinerario de correos que seguía la línea Quito-Santa Fe -la mesa de Juan Diaz -Tocaima-Purificación-Villa vieja -Neiva-Gigante- la plata-Popayán-Pasto-Tuquerres-Tulcán-Ibarra-Otavalo-Quito.

Del mismo modo fueron establecidas dos líneas de correos conocidas como "Santa fe- Maracaibo" la cual seguía el recorrido Santa fe -Ubate-Tunja-Santa rosa-Cerinza-sativa- soata-Tequia-Málaga-Chitaga-Pamplona-Villa del Rosario-Cúcuta-San Cristóbal-la grita-bailadores-Mérida-Gibraltar - Maracaibo; finalmente la cuarta y ultima línea distinguida como " carrera de Girón " estuvo integrada en la ruta Santa Fe-Zipaquirá-Ubaté-Chiquinquirá-Villa de Leyva-Puente Real-Vélez-Guadalupe -San Gil- Socorro-Piedecuesta -Girón.

La historia refiere que estas cuatro líneas de correos se efectuaban cada quince o treinta días, la cual estaban determinadas por la importancia o el volumen del servicio, enterado de esta situación el pionero de los correos Don Lorenzo Galindez de Carvajal, entabló una demanda e hicieron valer sus privilegios de modo que los correos continuaron prestando sus servicios pero todo el beneficio económico fue para ellos.

Obsérvese que Galindez pionero fracasado de los incipientes correos en la nueva granada retrajo para si esta actividad por medio de solicitudes legales solo cuando esta comenzó a tener auge con la instalaciones de cuatro rutas fundamentales de las incipientes comunicaciones; ante esta situación el rey de España con su avidez acostumbrada por el pecunio derivadas de las indias occidentales decidió a organizarlas con la creación de administradores, interventores, oficiales, carteros, mozos, guardias, postas (entiéndase estafetas), postillones (entiéndase guías), reglamentando en 1763 el servicio de pliegos certificados, (correo certificado actual), desde entonces y para siempre los correos nacionales tomaron rumbo pasando por distintas facetas como fue la oficina principal de correos de Santa Fe de Bogotá creada en el año de 1834 bajo la administración del General Francisco de Paula Santander.

Con posterioridad en el año de 1963 fue creada por decreto durante la administración del doctor Guillermo León Valencia la Administración Postal Nacional (Adpostal), adscrita al Ministerio de Comunicaciones, la cual luego de prestar importante servicio al país fue suprimida en el año de 1965 para fusionarse con la empresa nacional de telecomunicaciones Telecom.

Sin lugar a dudas las comunicaciones desde su génesis fueron importantes para unificar a los pueblos y al mismo tiempo representó una esperanza cierta porque se esperaba noticias de algún lugar recóndito del mundo, aún en aquellas épocas incipientes en que algunas cosas carecían de nombre y para identificarlas había que señalarlas con el dedo, importante servicio este que al revisar nuestra propia historia nos damos cuenta del inmenso valor de nuestra propia identidad cultural que nos distingue con sus distintas y naturales oscilaciones en el decurso del tiempo y de la vida.

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