Ciruelas pasas

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Ricardo Villa Sánchez

Ricardo Villa Sánchez

Columna: Punto de Vista

e-mail: rvisan@gmail.com

El progreso excluye al consenso.

Ulrich Beck.

El Parque Tayrona es mágico. Sus playas, paisajes e historias evocan el paraíso en la tierra. No hay nada como un atardecer púrpura en la orilla de sus aguas cristalinas o dormirse entre palmeras arrullado por las olas que rompen imponentes en la arena.

Ahora observo tras bambalinas, el gran debate nacional que ha ocupado largas páginas, rasgado vestiduras y desgastado micrófonos, sobre la posibilidad de establecer dinámicas de turismo sustentable en el Tayrona. En ese sentido, bienvenido el debate público, jurídico, social y político. Esperamos los resultados de tutelas, actuaciones del gobierno, demandas, gritos de líderes de opinión, pero también necesitamos del clamor ciudadano. Sano el debate pero que parta desde lo local, desde las dinámicas propias del territorio y de abajo hacia arriba, teniendo en cuenta que están en riesgo los derechos de las futuras generaciones y la solución no puede venir desde las montañas andinas, sin sabor Caribe.

Así mismo, el debate no sólo debe partir del clúster del turismo, también se debe someter al dialogo social, entre otros asuntos, la mancha oscura de carbón que duerme como un espíritu maligno en el fondo del mar entre Santa Marta y Ciénaga, el olor nauseabundo que circunda los alrededores de donde convierten comida en combustible, los cerros tumbados para construir carreteras y levantar lotes, los ríos secados y las construcciones permitidas en sus rondas hidráulicas, las quemas y talas de árboles en las alturas de la sierra, los cultivos ilícitos, los cementerios de mangles en la isla otrora puerto de arribo de las aves en su peregrinar de invierno y tantos otros golpes que nos ha dado, según Beck, la sociedad del riesgo global.

En el mismo saco hay que preguntarse por qué cuando a través de alianzas locales se pretende intervenir zonas protegidas para construir ecohoteles, salen a relucir tantas trabas, que no tuvieron inversores forasteros en el pasado. Hay que respetar al Tayrona, a nuestros muertos, al poder que emana de su tierra pero si revocan actuales licencias ambientales, por un criterio de igualdad deberían también revisar las ya concedidas, para que no quede en el ambiente que existen inversionistas con mejor derecho. Durex lex sed lex.

En la sana deliberación pública, también debe salir a relucir aspectos como que no está clara la jurisdicción sobre la zona de parque, por ejemplo, la regulación que puede hacer el Distrito de Santa Marta. ¿Qué pasa con el dinero que ingresa por concepto de entradas de cerca de 250 mil personas en la temporada alta?, es decir, ¿se reinvierte ese dinero que no es de poca monta en la conservación y preservación del Tayrona?

¿Cómo interviene el Estado para frenar el turismo "depredador" e informal?, que trae de todo entre sus carros, hasta el agua, va directo al parque o se detiene a comprar en grandes superficies de dueños foráneos. ¿Hacia dónde van las basuras, las bolsas sintéticas, los empaques, envases desechables y demás desechos, el abuso del alcohol y de otras drogas? No sólo estos visitantes, sino cómo interviene el Estado en la seguridad de este apetecido corredor entre la sierra y el mar, donde se han dado cruentas luchas por el dominio territorial, alimentado por la economía subterránea y la violencia. Es decir, ¿Qué deja este turismo y la ilegalidad en la economía local?, ¿cuánto empleo de calidad genera?, ¿cómo impacta en las dinámicas económicas y sociales dela ciudad?, ¿Cómo se desarrolla una ciudad que está rodeada su área de expansión por tres parques naturales, resguardos indígenas y demás zonas protegidas?, ¿cuáles son las debidas compensaciones ante esta situación?.

Dicen que El Rodadero hace 50 años, antes de que construyeran la carretera se veía como Concha hoy en día, miren lo que es ahora. Así, quieren construir una carretera que suba a Cerro Kennedy, para que termine Minca como La Calera. Pienso que ambos proyectos se pueden analizar y posiblemente realizar, de una forma planeada y regulada, pero, ojalá el parque no termine como las ciruelas pasas, que antes las secaban al sol, enriquecidas con los componentes naturales del medio ambiente, mientras que hoy las producen en serie en inmensos hornos y sin el sabor característico que sólo le dan los factores climáticos y la salina del Caribe.

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