Adolfo Díazgranados Delgado

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Font Size

Escrito por:

José Tovar Delgado

José Tovar Delgado

Columna: Opinión

e-mail: [email protected]

El pasado 21 de enero, se cumplió el primer mes de su fallecimiento, quiero dedicar unas líneas a Adolfo, "Adolfillo", como muy cariñosamente lo llamábamos los primos y amigos más íntimos, pues nos ha dejado solos, ya que falleció el día 21 de diciembre del año pasado. Si, nos ha dejado muy tristes ya que contábamos siempre con su compañía, su cariño, y lo mejor: Que fue un amigo y primo muy especial.

Adolfo, fue un compañero ejemplar para mi vida, pues andábamos juntos por todas partes en Santa Marta, compartiendo constantemente y ayudándonos en lo que pudiéramos sin egoísmo de ninguna especie y comprendiéndonos admirablemente por lo que vivíamos por siempre agradecidos el uno del otro. Era un nadador insigne; por las tardes iba con mucha frecuencia a bañarse en el mar del camellón a practicar su deporte favorito y en la playa se encontraba con el amigo de todos nosotros que era: Rubén Parodi, quien era otro furibundo nadador.

Después de mucho tiempo, trabajamos en un negocio juntos; el micro mercado Los Naranjos, donde vendíamos todo lo relacionado con el mercado de las residencias de familia, clubes sociales, hoteles, restaurantes y hospitales y todos los artículos de las comidas diarias. Ese micro mercado era de nuestro tío Leopoldo Delgado Barreneche. La empleada del micro mercado era Magdalena Gómez Daza, quien era una empleada de lujo, pues muchos domingos le correspondía abrir el micro mercado, y yo iba a hacerle la compañía y a ayudarla un poco en lo que pudiera. Viajábamos con mucha frecuencia a Barranquilla a buscar artículos para el negocio; cosas que no encontrábamos en la ciudad de Santa Marta. La carne, nos la traía la señora Rosa Altahona, de la población de Sevilla, en la Zona bananera y los pollos y los huevos los traía el suizo Walter, quien tenía su granja cerca de Santa Marta, antes del aeropuerto.

Los amigotes de Adolfo con quienes se iba a divertir los días sábados y los festivos eran: Chemanito Diazgranados, Hernando Bermúdez y otros que no recuerdo sus nombres, pero todos eran muy amigos entre sí.

Después, Adolfo se fue a vivir al Valle del Cauca, donde vivía su hermana Teresa, en Palmira, y allá se casó con una palmirana de nombre Fabiola, quien lo ayudó mucho como esposa y madre. Trabajaron juntos en lo que mejor sabían hacer, que era la crianza de pollos y gallinas en una granja avícola. Tuvieron tres hijas que son ejemplo de inteligencia y todas profesionales. Con el tiempo, regresó con su familia a vivir a Santa Marta en donde continuó con su negocio.

Quiero darles un abrazo de condolencia por la muerte del querido primo Adolfo a su esposa Fabiola e hijas, a sus hermanos y a todos sus familiares y amigos y decirles que desde Bogotá, los estoy acompañando a cada momento. Que mis oraciones son para que esté en la gloria eterna en compañía de otros seres queridos ya fallecidos.

Publicidad