García Márquez y el esoterismo

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Orlando López Lozano

Orlando López Lozano

Columna: Así veo las cosas

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"El que niega lo que no conoce, está en el camino de ser idiota". Sentencia definitiva para los que posando de científicos, niegan lo que no conocen sin análisis reflexivo, pero con una tozudez rayana en el oscurantismo.

Las posiciones de algunos seudocientíficos, cuando algo se les sitúa más allá de sus cinco sentidos exteriores, son asaz impertinentes. "No creo en tal cosa", es la respuesta tajante, cuando alguien, por cualquier circunstancia, le presenta algo aparentemente inverosímil. Las palabras tal vez, puede ser, quizá no conozco, no aparecen en su vocabulario.

Nuestro extraordinario escritor Gabriel García Márquez, alguna vez en uno de sus artículos, se refirió magistralmente al tema del Esoterismo, definiendo a la telepatía como una simple facultad orgánica que la Ciencia repudia, porque no la conoce.

Con admirable estilo narra que charlando con un neurólogo francés, le comentó que había descubierto en el cerebro humano. Se trata de una función de enorme importancia, cuyo único problema estriba en saber para qué sirve.

Movido por su seria curiosidad científica, Gabo cuenta que le ha preguntado al notable científico que si no existía la posibilidad de que la tal función fuera el asiento de los sueños premonitorios, los presentimientos, los presagios y la trasmisión del pensamiento.

He ahí "el nudo gordiano" de nuestros científicos, el cual no han podido desatar hasta el momento.

Conciben ellos que hablar de telepatía y otras funciones hipersensibles de nuestro organismo son eminentemente anticientíficas, es lindar totalmente con el lunatismo.

Incomprensiblemente se resisten a aceptar que los grandes descubrimientos del mundo se deben a grandes golpes de la "intuición". Bergson ha dicho que los grandes descubrimientos del mundo se deben más a la intuición y la premonición que a los discursos.

Ninguna planeación matemática o física llevó al genovés a descubrir la redondez de la tierra, tampoco fue una planeación científica el descubrimiento de la gravitación universal.

Y así podríamos citar centenares de ejemplos de la misma factura para manifestarles a nuestros científicos que el neurólogo amigo de Gabo tiene mucho de verdad en sus investigaciones científicas.

Descartes, el eminente fundador del racionalismo, ha afirmado que la pineal, esa glándula rojo gris situada en el centro del cerebro, es el asiento del alma y ¿Quién puede negar tajantemente que esa glándula es la reguladora de los sueños premonitorios, los presagios etc., de que habla nuestro Nobel García Márquez?

"La duda metódica", "la piedra monolítica del Discurso del método", nos enseña a dudar de todo, lo cual nos evita negar lo que no conocemos.

Es claro que al dudar de algo, dejamos las puertas abiertas para investigar, pero la negación nos cierra totalmente cualquier posibilidad para la investigación, la comprobación de los hechos.

La duda, el tal vez, el puede ser, son voquibles que abren la posibilidad, en una polémica sana, para encontrarle salida al hecho que se plantea, mientras que el no rotundo, cierra definitivamente el diálogo, la dialéctica para encontrarle solución a un tema que puede tener una notable importancia.

Por algo nuestro Premio Nobel es considerado el mejor escritor vivo del mundo. A pesar de ser un novelista excepcional, está al tanto de los desenvolvimientos científicos de ayer y hoy, con una concepción lógica de las cosas, orientando a sus lectores en la búsqueda de la razón de ser de las cosas. Que ninguna concepción del pensamiento debe rechazarse sin formula de juicio.

Un novelista de excelente factura debe, a través de su narración, enviar un mensaje positivo a sus lectores. De García Márquez nos queda el desempolvamiento del "realismo mágico", su calificativo de macondiano a lo notablemente folclórico.

De Flaubert nos queda el adjetivo de "bobarismo" a la conducta epidérmica de las mujeres pueblerinas. Pugna entre Capuleto y Montesco nos dejó Shakespeare como nombre de una seria discordia entre dos familias, en su Romeo y Julieta. Así las cosas, para conocer de derecho solo nos basta con haber leído a Víctor Hugo, quien sin ser abogado defendió a su hijo Carlos en una audiencia, Balzac, Shakespeare, etc. Sin comentarios.

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