Campaña contra la estupidez

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Escrito por:

Carlos Payares González

Carlos Payares González

Columna: Pan y Vino

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Cuando miramos la estadística de embarazos no deseados en adolescentes en Colombia dan ganas de salir corriendo. Se hace descomunal el tener que aceptar que el 20% de nuestras adolescentes están o han estado embarazadas.

Muchas recurren evasivamente al aborto legal o ilegal bajo toda clase de riesgos, estigmatizaciones y sufrimientos. Buena parte termina con hijos indeseados: el 64% reconoció que sus embarazos eran fortuitos. Solo la mitad de las embarazadas dijo que había pensado tener un hijo pero mucho más adelante. Para estas inmaturas mujeres el embarazo constituye un verdadero infierno.

Los embarazos en niñas y adolescentes han sido tratados casi siempre como un problema exclusivo del sector de la salud. No podemos negar que existen riesgos de una mortalidad materna y fetal mayores en adolescentes que en mujeres físicamente maduras. Sin embargo, estoy convencido de que este flagelo tiene más que ver con la estupidez humana: la falta de una adecuada información y formación escolar sobre la fisiología y el diverso y complejo comportamiento sexual humano.

Debería dar vergüenza a los docentes saber que aunque el 88% de los jóvenes reconoce haber recibido información sobre la anatomía sexual, solo el 20% admite conocer algo sobre las relaciones sexuales y los métodos anticonceptivos.

Es decir: ni los jóvenes ni las jóvenes están recibiendo una información en los colegios, como tampoco en las universidades acordes con las ciencias naturales y sociales y los avances tecnológicos. Los profesores están enseñando sobre este tema lo mismo que enseñaría cualquier abuelita anticuada del mundo: retardatarias creencias y fanatismo religioso. Como si acaso la escuela estuviese hecha para formar personas anticuadas y religiosas en vez de formar seres que actúen racionalmente ante la vida. Ante esta vida.

No basta con una cartelera que muestre los órganos genitales humanos, ni de esporádicas campañas de prevención del embarazo y de algunas enfermedades de transmisión sexual, sino que es necesario desmitificar algo que es tan natural como un estornudo.

Hay que partir del elemental hecho de que los órganos sexuales están ahí para ser usados. Si de verdad existiese una "moral" derivada de la naturaleza biológica ("moral bilógica") la única razón (establecida por la genética) sería la de la reproducción. Desde la biología venimos al mundo a reproducirnos como especie. A nada más.

La cultura ha terminado enredándonos la pita. Por eso la sexualidad humana es mucho más compleja que el resto de las especies existentes. Aun así, esa ley sigue siendo vigente en lo humano por mucha cultura que subordine nuestras funciones orgánicas. Nuestra premisa sigue siendo nuestra biología. Es imposible concebir sociedades humanas sin cuerpos de carne y hueso. No creo en la existencia de cuerpos etéreos.

Por eso cuando las mujeres no aprovechan su sexualidad dejan algún día de ovular. Y los hombres terminamos siendo acosados por la llamada eufemísticamente disfunción sexual. Por lo tanto, la sexualidad es natural tanto en sentido biológico como en sentido cultural. Bien es sabido que las especies que no se reproducen desaparecen. Y para reproducirse hay que copular (al menos en las especies superiores).

Y en el caso humano, la copulación va acompañada por sensualidad y placer. Si algo puede considerarse entonces como antinatural sería el celibato. No es la ley del más fuerte, sino la ley de la reproducción la que garantiza que muchas especies aún sobrevivan.

Por tal razón se hace necesario ilustrar y formar a los jóvenes para una sexualidad segura dado que esta llegará más temprano que tarde. Las consecuencias de un embarazo prematuro o indeseado no solo están representadas en los riesgos para la salud materna y fetal, sino que, además, también en los graves problemas socio-económicos como son la deserción escolar, la reproducción del ciclo de pobreza y el ingreso al aparato productivo o a la economía informal en condiciones desfavorables.

O en actividades irregulares o ilegales para ganarse la vida. Los maestros que no entiendan esto son una verdadera calamidad para la humanidad. Elogiadores de la más rampante estupidez.

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