La depuración censo electoral

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Bustamante Barros

Carlos Bustamante Barros

Columna: Columna Caribeña

e-mail: [email protected]

Sobre la temática en mención se ha hablado con creces a través de los medios de información nacionales con la finalidad exclusiva de informar a la ciudadanía sobre la necesidad urgida de depurar el censo electoral colombiano que reduciría drásticamente los puestos instalados de las mesas de votación de 72.700 a 37.500 en todo el país, lo cual redundaría positivamente en el costo general de los comicios electorales a 25.000 millones de pesos menos a los gastos generales usuales.

En todo caso la pretendida depuración del censo electoral de nuestro país no afectaría en modo alguno a quienes hayan sufragado con anterioridad y de igual modo a quienes hayan inscrito las nuevas cédulas expedidas por la Registraduría Nacional del Estado Civil, es la adopción de una decisión electoral dirigida solo a aquel sector poblacional de potenciales sufragantes que nunca votan en los comicios electorales, en las que incluso se depuran las cédulas de difuntos para que no puedan seguir votando después de muertos con la anuencia de candidatos desesperados por sumar votos en pos de una curul a los diferentes escaños de elección popular.

Recuerdo como estela fulgurante de luz en la noche oscura, que en la provincia colombiana se ha hablado y escrito en abundancia a través de los medios sobre estas prácticas inusuales de votos válidos de difuntos para elegir candidatos a curules de elección popular, incluso algunos jurados de mesa de votación han sido sorprendidos cuando ven un sufragante supuestamente muerto cuyo nombre aparecía en los carteles de funerarias y posterias de alumbrado público en la que los familiares y amigos invitaban al público a las exequias, el cual surge de cualquier lado como por arte de magia con una cedula de difunto y de la misma forma desaparece sin dejar rastros.

Sin duda alguna esto son apartes reprobables de fraudes electorales cuyos factores determinantes para la autoría o ejecución de la tipicidad señalada es el desespero de candidatos de elección popular con poca aceptación ciudadana en obtener curul de cualquier modo, aunque para el logro de tal propósito deba acudir a la estrategia censurable de poner a votar a los muertos, pero suplantados por calanchines que al momento de encarar los jurados se hacen de la vista gorda, como solemos decir en nuestro lenguaje del Caribe a las calidades inmutables de los rasgos físicos.

Es necesario anotar que los mencionados suplantadores o calanchines que acostumbran en los comicios electorales votar por los muertos, realmente tienen la sangre fría para la ejecución de su conducta punible, empezando porque inicialmente deben superar la franja de seguridad de los agentes policiales instalados en las entradas de los puestos de votación para lo cual exhiben la cédula del difunto, luego en el momento culminante ante los jurados de votación que son seis exhiben el documento de identidad lugar en el cual hay sabuesos judiciales mimetizados para detectar anomalías, una vez superado este riguroso examen en que se confrontan fotografías, huellas dactilares, el farsante pasa al cubículo a cumplir su cometido de poner a votar al difunto sin el menor asomo de vergüenza, luego de lo cual se marcha con tranquilidad pasmosa cuando está consumado al ilicitud de sus actos.

Es muy posible que el suplantador que pone a votar al difunto ni siquiera vierta sudor en su rostro producto de la tensión del momento, porque su conducta delincuencial está acostumbrada a estos trajines inusuales y ha logrado profesionalizarse en la materia, hechos estos que fortalecen la premisa relacionada de la práctica continuada termina por perfeccionar al hombre en su actuar aunque tal proceder lo adentre sin remedio en terrenos cenagosos proscritos por el orden y la ley.

En todo caso con la depuración del censo electoral colombiano, estas prácticas inusuales de fraudes electorales se minimiza y/o dificulta en grado sumo, cumpliéndose de esa manera objetivos centrales como lo es en adoptar herramientas válidas y legales para que el proceso electoral de nuestro país marche por sendas deseables de transparencia y pulcritud en los comicios electorales venideros para que gane quien tenga más respaldo popular, después al cabo del tiempo se sabrá si el candidato elegido cumplió o no sus ejes programáticos argüidos a la comunidad en su campaña proselitista.

En este sentido deseo confesar que me gusta el modo de actuar en estas materias electorales adoptado por las comunidades del eje cafetero y los santanderes de nuestro país, quienes en una decisión sabia premian reeligiendo al candidato que cumplió sus promesas de asistencia social a la comunidad y por el contrario castigan no votando por quien no dio cabal cumplimiento a su compromiso contraído con la ciudadanía, en lo que puede calificarse como una premisa civilizada y justa en materia democrática, erigiéndose por sus propias y edificantes razones en una de las variantes idóneas para depurar las costumbres políticas tradicionales que nos agobian como una pesada mochila de piedra sobre las sienes.

El mundo y la vida siguen su curso…

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