El papel del mundo académico

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Víctor Corcoba Herrero

Víctor Corcoba Herrero

Columna: Algo Más que Palabras

e-mail: corcoba@telefonica.net

Las recientes palabras del Secretario General de la ONU, subrayando "el papel que el mundo académico tiene en el mantenimiento de la paz, el bienestar y la superación de los retos sociales", me brinda la oportunidad de manifestar a los cuatros vientos mi estima por la labor imprescindible y necesaria que ejercen en la sociedad los campus universitarios y sus diversos centros del saber. No tiene precio el trabajo que ejercen los verdaderos docentes ante todo tipo de dificultades; la más difícil sin duda, conducir a los jóvenes a pensar con criterio objetivo y a utilizar esa capacidad intelectual, muy superior a veces al ejercicio que solemos hacer de ella, para reducir los muchos problemas globales que existen en el astro, por cierto cada día con más incógnitas sin resolver.

El paisaje académico ha de crecer, no sólo para que se desarrollen los variados campos del conocimiento, también para que crezcan los compromisos humanizadores de respuesta a la sociedad. Cierto, los gobiernos no lo pueden hacer todo. La gente de pensamiento tiene la enorme responsabilidad de trazar el camino en el uso auténtico de la razón. Sólo desde el saber se puede amar. Algo tan básico como el diálogo intercultural o la tolerancia únicamente se pueden aprender conviviendo y viviendo unidos, acercándonos a los heterogéneos saberes y compartiendo modos y maneras de entender la vida. Por cuestión innata, toda persona es sabia. Por eso, es tan vital seguir forzando desde ese campus de la sabiduría el entendimiento como regla de vida, reforzando los valores culturales y humanos de todas las civilizaciones, y robusteciendo el valioso y apasionante servicio de enriquecer el patrimonio intelectual en la tierra.


Quizás hoy más que nunca se precisa que el mundo académico, por propia naturaleza de inspiración introspectiva, ilumine la mente y el corazón de las nuevas generaciones. Bajo el argumento de una visión notablemente humanística, considero muy necesario retomar la idea de los valores humanos y un conocimiento mucho más enraizado a todas las culturas. Los jóvenes del mundo tienen que trepar menos y ascender más en el discernimiento humano. Saber vivir es un arte y una ciencia a la vez. Lo cierto es que unos precisamos de otros. Se trata de ayudarnos mutuamente a reencontrar una vida de paz y bienestar mundial que, en el fondo, todos buscamos y todos nos merecemos por el hecho de haber nacido.

En una sociedad que, por multitud de sinrazones, cultiva la hipocresía y el poder desmedido, la inmadurez y la mediocridad, el cinismo y el odio al semejante; ciertamente, la ilusión del mundo académico es la esperanza que nos queda. La valentía para abrirse realmente a la amplitud de sabidurías es todavía un programa pendiente de desarrollar. Justamente es la comunidad universitaria la que ahora parece abrirse a través de intercambios docentes, de estudio y de investigación. A mi juicio, esta es la línea a seguir en un planeta con demasiadas fronteras y frentes.

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