El día de “las juventudes acumuladas”

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jorge Giraldo Acevedo

Jorge Giraldo Acevedo

Columna: Opinión

e-mail: jgiraldoacevedo@yahoo.es

Con base en la Ley 271 de 1996, ayer domingo 25 de agosto fue el día del adulto mayor y el pensionado pero, en términos muy generales, esta celebración no tiene mayor trascendencia en este país ni en la mayoría de las naciones de América Latina debido a que los viejos soportan una serie de maltratos en la parte laboral, familiar e incluso por parte de otras personas.

De la población nacional colombiana que, según el Dane, se estima en 48 millones de personas, más del 9% pertenece al rango de mayores de 65 edad; es preocupante que uno de cada dos adultos años no tiene ingresos propios.

Ya es tradicional que para una persona mayor de 60 años la oferta laboral es, en la práctica, nula y lo peor le sucede si no ha logrado el derecho a la pensión; claro que a los jóvenes profesionales en el mercado laboral les exigen experiencia pero como pueden lograrla si muchas empresas no les dan la oportunidad de tenerla.

Además, en el medio nacional colombiano, para una persona mayor de 40 años que queda sin trabajo le resulta bastante difícil regresar a laborar y por lo mismo ingresa al desempleo y en muchas oportunidades pasa a ocuparse en el fastidioso y creciente rebusque, o sea, el que califica el Dane como trabajo informal.

Los viejos, muchos de los cuales están desprotegidos laboralmente, soportan maltratos físicos y también verbales; no es raro que personas mayores de edad abandonen su lugar de vivienda o residencia habitual debido a que las personas que los rodean los humillan y además los cansan con sus continuos reclamos y cantaletas.

Y qué decir del trato de muchos jóvenes para los ancianos y viejos que en forma despectiva los llaman, a manera de pésimo ejemplo, los cuchos, monumentos, prehistóricos, catanos, etc.
Con base en los últimos datos sobre el incremento de la población nacional colombiana de ancianos, hoy podemos afirmar que ellos deben ser además de protegidos recibir un excelente trato, con mucha paciencia y alta dosis de consideración; estas buenas gestiones deben ser realizadas elementalmente por sus inmediatos familiares y allegados.

Finalmente debemos decir que el Gobierno Nacional y el Congreso, en calidad de órgano para legislar, no deben ser ajenos a mejorar las condiciones de vida de las personas mayores que se encuentran en este rango, es decir, los viejos; además, que saquen de los escritorios del parlamento la propuesta para reducir el aporte de salud de los pensionados del 12 al 4%, medida con la cual se lograría mejorar la situación económica a quienes muy positivamente se les identifica como seres humanos “de las juventudes acumuladas”.
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