Colombia: tierra de atletas

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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

e-mail: jose.vanegasmejia@yahoo.es

Qué difícil es tratar un tema cuando su importancia y extensión requieren objetividad y espacio suficientes. Se corre el riesgo de omitir elogios a muchas personas que lo merecen. Es una limitación que impone el periodismo. Sin embargo, aquí vamos:

     Estas líneas se inician con un lema promocionado por el gobierno nacional: “Colombia: tierra de atletas”. Suena bien este eslogan –palabra que muchas veces evitamos en forma deliberada para no toparnos con su plural: eslóganes, aceptada por la Real Academia Española–. Pues bien, el lema refleja una realidad que nos llena de orgullo no solo por los numerosos ciclistas que descuellan en los certámenes internacionales sino por los incontables patinadores, futbolistas, pesistas, boxeadores, marchistas, beisbolistas y, en fin, exponentes de las diversas manifestaciones del deporte. ¡Cómo no estar pendientes de Egan Bernal, Nairo Quintana, Rigoberto Urán, Esteban Chaves, Fernando Gaviria y demás ciclistas que actualmente integran los más cotizados equipos del mundo! Hay muchos más.     

     Los nombres de Mariana Pajón, Caterine Ibargüen y de otras damas son admirados en el mundo. El triunfo de los tenistas Juan Sebastián Cabal y Robert Farah en el reciente Wimbledom es un hecho de gran magnitud: son los mejores del mundo en su especialidad. En el béisbol de grandes ligas el nombre más ‘sonado’ en estos días es el del cartagenero Giovanny Urshela. ¡Cuántos deportistas se quedan por fuera de esta corta lista!

     Un amigo nos decía, y sigue afirmando, que en la prensa diaria solo lee lo que se relacione con la cultura, la ciencia y el deporte. Lo demás, según él, no vale la pena. (Utiliza otra expresión, por supuesto). Hay futbolistas nuestros regados por diferentes clubes del mundo. El fútbol saca la cara y pone en alto el nombre de Colombia. El triunfo de la selección femenina en los Juegos Panamericanos de Lima es una muestra de esa entrega de nuestros deportistas cuando se trata de portar el tricolor nacional. Escuchar las notas del Himno Nacional después de un triunfo arduamente disputado es un privilegio reservado solo a los mejores exponentes del deporte; las chicas Campeonas Panamericanas merecen nuestro aplauso y el respaldo del gobierno para eventos venideros.

     Cada gobierno destina un rubro miserable al deporte. Lo mismo hace con la salud y la educación. Pero a la hora de reclamar honores, los gobernantes renuevan las poses acartonadas para las ‘fotos de rigor’ con la bandera colombiana como decorado inevitable. Luego, frente a los éxitos de los deportistas surge la duda en el mandatario de turno: ¿Qué medallas les entregaremos? La Cruz de Boyacá está reservada para los expresidentes del Congreso en el momento de su partida. Eso no tiene discusión, aunque haya ‘jugaditas’ de por medio. Para Egan Bernal, en cambio, bastaba un simple ‘reconocimiento’. Al final, la presión ciudadana y la crítica de la prensa lograron la merecida Cruz para el ganador del Tour de Francia.

     Quienes tengan tiempo para visitar los ‘gimnasios’ en los que practican nuestros boxeadores encontrarán, en cada uno de ellos, la misma escena: dos o tres llantas en el piso; dos o tres sacos de arena colgados para que el deportista descargue en él sus golpes; una pera destrozada por el uso, un trozo de riel a manera de campana y casi nunca hay en ese sitio algo que parezca un ring o cuadrilátero. El aspirante a campeón mundial llega allí después de una agotadora jornada de trabajo, si no es un desempleado. Solo lo impulsa su deseo de conseguir la consagración. Y cuando ese momento llega, su primera reacción es dedicar su título al presidente de la República. ¿Estaremos ante un caso evidente de masoquismo? No lo sabemos. Sin embargo, y a pesar de todo, Colombia sigue siendo tierra de atletas.

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