La Economía en picada

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Escrito por:

Luis Tabares Agudelo

Luis Tabares Agudelo

Columna: Opinión

e-mail: tabaresluis@coruniamericana.edu.co
La propiedad intelectual es un sistema en el cual encontramos dos ramas tradicionales: derechos de autor y propiedad industrial.

Además, es un sistema de protección regulado a nivel mundial. Primero, la declaración universal de los derechos humanos nos trae en el artículo 27 la facultad de explotar económicamente cualquier activo de propiedad intelectual.

Segundo, la declaración de los derechos y deberes del hombre en el artículo XII señala -entre otros- “toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de los inventos, obras literarias, científicas y artísticas de que sea autor”.

Igualmente, la Convención Americana sobre derechos humanos -conocida como pacto de San José de Costa Rica- en el artículo 26 del capitulo III establece: “Los Estados Partes se comprometen a adoptar providencias, tanto a nivel interno como mediante la cooperación internacional, especialmente económica y técnica, para lograr progresivamente la plena efectividad de los derechos que se derivan de las normas económicas, sociales y sobre educación, ciencia y cultura, contenidas en la Carta de la Organización de los Estados Americanos…”.

Y, por último, las decisiones 351 y 486 de la Comunidad andina de Naciones -CAN- que nos trae normas internacionales que se han incorporado a nuestro ordenamiento jurídico.

Aunque de nuestro Congreso -luego de 36 años- con la Ley 1915 de 2018 se esperó avanzar en desarrollo de software, pasarlo de derechos de autor a la categoría de propiedad industrial, tener otros temas de propiedad intelectual asociados al patrimonio cultural como reconocimiento a la tradición cultural: las fiestas, el folclor, la gastronomía del arraigo ancestral y las denominaciones de origen, no llegó el avance esperado.

La Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI) conformada por 170 países, es un organismo de la ONU creado en 1967 que tiene como objetivo desarrollar un sistema de propiedad intelectual internacional equilibrado, accesible y que recompense la creatividad, estimule la innovación y contribuya al desarrollo económico, salvaguardando a la vez el interés público.

Así las cosas, la OMPI registró en 2018 una nueva cifra récord de 253.000 solicitudes internacionales de patentes. De la mayoría en el mundo más de la mitad llegaron de Asia: China, India y Corea del Sur. Pero, por países, los Estados Unidos conservaron su primer puesto con 56.142 patentes seguido por China con 53.345. Japón quedó en tercer lugar con 49.702 demandas. Alemania y Corea del Sur llegaron en cuarto y quinto lugar, con 19.883 y 17.014 respectivamente.

En Latinoamérica, encontramos que Brasil ocupa el primer lugar con 619 solicitudes, Chile con 245, México con 274 y Colombia con solo 163 con el agravante de que el 80% de las presentadas por Colombia son de extranjeros que viven en el pais.

Para concluir, aunque la OMPI ha publicado un estudio sobre la relación existente entre la propiedad intelectual y la creación de riqueza y por lo tanto su relación con el crecimiento en la economía de los países considero que mientras no inventemos, investiguemos y el gobierno siga recortando los aportes económicos a Colciencias y no presentemos solicitud de licencias de propiedad intelectual ante la OMPI seguiremos siendo un país tercermundista y pobre. En síntesis, hay que reconocer que tenemos un problema interno y empezar a crear un ambiente propicio para la investigación.

Mientras tanto, el Fondo Monetario Internacional trae malas noticias para Colombia con relación al estancamiento económico.

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