Inspirada en hechos reales

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Tulio Ramos Mancilla

Tulio Ramos Mancilla

Columna: Toma de Posiciones

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Al parecer, las tres partes concernidas en el famoso caso Colmenares se han puesto de acuerdo respecto de su desacuerdo con la plataforma Netflix, que desde hace unos días ha empezado a emitir la serie correspondiente a la descripción de los sucesos ocurridos entre octubre de 2010 y los años siguientes, con ocasión de la muerte de Luis Andrés Colmenares Escobar y los procesos penales que sobrevinieron.

De nada le sirvió a Netflix haber incluido la habitual leyenda relativa a informar que la narración está “inspirada en hechos reales”, puesto que el hecho de relatar la historia mediante la técnica de tomar partes publicitadas de los eventos (como las verdades judiciales respectivas), y mezclarlas con el producto de las licencias artísticas de los libretistas, ha generado lo previsible: más rabia, más dolor, más escándalo. Quién sabe si por encargo.

De un lado, están las últimas personas que vieron con vida a Colmenares (Laura Moreno y Jessy Quintero), así como, según la familia guajira, el autor de unas amenazas (no se sabe bien de qué tipo) a la víctima durante los días previos a su fallecimiento (Carlos Cárdenas). Es posible anticipar que -como ya lo ha hecho Cárdenas- desde este sector se muestren molestos con la insinuación televisiva, por leve que sea, de que alguno de ellos fue el causante de la tragedia, o que la ha encubierto; podrían oponer argumentos, muy respetables, relacionados con el derecho a la intimidad personal y familiar y al buen nombre. No sería raro que a eso lleguen.

En la otra orilla, está la familia Colmenares, que se ha manifestado en desacuerdo con la puesta en escena en general de la producción, pero sobre todo con un detalle no menor para ellos (y acaso para la sociedad): en el fallo de segunda instancia del proceso contra Carlos Cárdenas, que lo absolvió definitivamente el 8 de octubre 2014 por la autoría material del crimen de Luis Colmenares, y por falso testimonio, quedó establecido técnicamente, sin embargo, por parte del Tribunal Superior de Bogotá, que la muerte de Luis Colmenares no fue un accidente, sino, ciertamente, un homicidio. Para los Colmenares, esta situación (el que Netflix no hubiera contado los hechos en certera clave de asesinato, sino de duda sobre lo sucedido), a más de falaz, pone incluso en riesgo la decisión que, en segunda instancia, está pendiente de fallo, en el mismo Tribunal, respecto de Laura Moreno (por el delito de coautoría impropia de un homicidio) y de Jessy Quintero (por los delitos de por falso testimonio y encubrimiento de homicidio).

A estas alturas, son más las preguntas que las certezas que hay acerca de este acto de violencia, tan representativo, por todo lo nebuloso que lo rodea, del país que habitamos. Así, se pregunta uno si, en realidad, como dicen los Colmenares, será posible que una obra de ficción tenga el poder de influir sobre una decisión judicial aplazada. De ser cierto, estaríamos frente a algo disimuladamente macabro. ¿Hasta dónde, en Colombia, puede incidir la reconstrucción ficta de un crimen (porque a Colmenares lo mataron) en las decisiones judiciales vinculadas? Esto me recuerda el jactancioso libro, de septiembre de 2007, de O.J. Simpson, If I did it (Si lo hubiera hecho), en que él detalla, hipotéticamente, cómo habría matado a su esposa y al amante, en 1994, cuando se libró de la cárcel por esos acontecimientos; lo memorable es que, en ese mismo septiembre de 2007, fue capturado por nuevos delitos (robo y secuestro en un casino), y pasó, entonces sí, nueve años preso, de los treinta y tres a los que inicialmente había sido condenado.