El país que me dejó

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

Primero fue Enrique Santos quien publicó su libro “El país que me tocó”. Dicen quienes lo han leído que da su versión de la historia política colombiana de los últimos sesenta años la cual incluye, como es natural, una versión romántica del gobierno de su hermano.

Ahora, nos sorprende JMS en su nueva faceta de novelista de ficción con su libro “La batalla por la paz”. No lo he leído y no creo que lo haga. La ficción no es lo mío y no tengo tiempo para las fantasías de JMS.
Esta obsesión por reinterpretar la historia de Colombia a cuatro manos es un intento desesperado de JMS y de su hermano por justificarse ante el país. El libro de Enrique es el preámbulo del de JMS. El trabajo de Enrique era preparar el terreno y decir que la horrible violencia política de más de cincuenta años justificaba que su hermano le entregara de más a las Farc en La Habana. El segundo tomo, el de JMS, tiene por objeto idealizarse a sí mismo, mostrarse como un héroe que en su gesta justiciera pasó por muchas pruebas y dificultades; un ser mítico que merece la inmortalidad; quizás un nuevo Prometeo o un Ulises.

Además de ser un acto de vanidad de un expresidente desocupado, lo que hay en el fondo es un afán por escribir la historia, una historia que aún no termina; negarle el derecho a la posteridad de rendir su dictamen. ¿Cuál es el afán? JMS entiende y sabe que el juicio de la historia, en cincuenta o cien años, puede serle desfavorable y entonces trata de picar en punta. ¿Por qué no? ¿Acaso el diario capitalino El Tiempo, otrora de los Santos, no determinó e interpretó la historia del país a su antojo? Por los mismos 60 años a los que hace referencia Enrique en su libro, El Tiempo fue el espejo mágico en que nos miramos los colombianos y que tuvo el poder de alterar el curso de la historia con un editorial.

En estos tiempos el país tiene muchos y diferentes referentes y El Tiempo ya no tiene el poder ni de determinar la historia ni de decirnos como debemos vernos. Se equivocan Enrique y JMS si creen que nos van a convencer de que lo de La Habana fue lo mejor para el país y de que lo firmado logró la paz.

En La Habana JMS hizo el papel de arrodillado y dio de más. Es un sofisma decir que se logró la paz, cuando en realidad lo que se alcanzó fue la desmovilización de la parte menos sanguinaria del grupo terrorista Farc, los que ya querían pensionarse. JMS no va a convencernos de que las Farc desaparecieron porque no lo han hecho. Los disidentes son tan numerosos y poderosos que colocan en entredicho el éxito de la negociación. El nombre es lo de menos. No soltaron el negocio de la coca, y de hecho JMS dejó el país inundado de coca que es la gasolina del conflicto armado y que alimenta a la mayoría de los grupos delincuenciales que operan en el país. Al final, el acuerdo de La Habana quedó tan cojo y tan defectuoso, que los prometidos beneficios no se han materializado para nadie. El acuerdo es un desfinanciado galimatías jurídico.

Un libro no va a convencernos de que JMS fue un gran presidente. De hecho fue pésimo. La verdad es que JMS nos, me, dejó un país vuelto mierda y lejos de la verdadera reconciliación. JMS recibió de manos de Uribe un país que había recobrado su viabilidad en todos los frentes; un país que iba bien. Por esto es difícil entender lo hecho por JMS.

Muchos apoyamos la negociación creyendo que lo que contenían los acuerdos era diferente. En la medida que transcurrió el tiempo, poco de lo que dijo JMS resultó ser cierto. Es probable que el presidente del me acabo de enterar, del cual paro, aun no sepa qué fue lo que firmó. El libro que falta por escribir es: El país que me dejó JMS. Este libro, lo escribirá la historia.
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