Plan de vida e identificación Arhuaca

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

e-mail: calli51@hotmail.com
A finales del Siglo pasado tuve la fortuna de participar como ayudante de campo en la elaboración del Plan de Vida -para nosotros plan de desarrollo- del pueblo Arhuaco que habita la Sierra Nevada de Santa Marta (SNSM) Lo hice por invitación de ATI (Asociación de Trabajo Interdisciplinario) de Bogotá, una ONG integrada por un nutrido grupo de antropólogos egresados de la Universidad Nacional que aún creen en el poder espiritual que les dio el conocimiento ancestral a las comunidades indígenas de la SNSM para defendernos de los devastadores efectos del cambio climático.

La ciudad de Valledupar era el centro de operaciones del proyecto y Nabusimake la capital sagrada desde donde irradiaban las luces del pensamiento hacia las 28 parcialidades arhuacas. Para entonces, ya los borradores del Plan de Vida habían subido y bajado en espiral a las nubes donde reposa el trabajo espiritual de los Mamos, bajando luego al corazón de castos líderes que se encargaban de diseminarlo en lengua Ikü, para que no se quedara nadie sin saberlo, comentarlo y proponer sobre: extensión del territorio, protección de los micro climas y conservación de las especies, recuperación de las tradiciones y perpetuidad de las costumbres, formas y estructura del gobierno.

Reinó siempre la paz durante el proceso. Se respiraba un aire cálido de amistad, integración y respeto a pesar de los vientos fríos que soplan desde la Nevada. Un aire de democracia que obligaba a escuchar en silencio sin interrumpir, menos difamar ni gruñir, a los sumo respirar, poporear los varones y dar puntadas las mujeres para que las buenas ideas se quedaran ahí y se liberaran las malas. Un proceso autónomo. Sin asomo de presencia estatal. Dirigido por cabildos mayor y menores. Buscando amplificar el impacto de las conclusiones y las tareas hasta tocar el oído encerado de los “hermanitos menores”, bunachis inconscientes y depredadores occidentales.

Ejercicio inspirador y motivador de reacciones que ayudó a formar a las generaciones serranas que fueron llegando para asumir los nuevos retos contra el desprecio, la exclusión, la humillación, el maltrato y el abandono de la sociedad y del Estado; que les permitió saber de principios y valores, identificar necesidades y establecer prioridades para comenzar a actuar con mesura y precisión, estratégicamente, sin pausas pero bajo la tutela de sus autoridades. Las jornadas de identificación en territorio Kogui-Malayo-Arhuaco del Distrito de Santa Marta son una muestra de ello. Las comunidades indígenas de la SNSM se habían negado por tradición a ser incluidas en los sistemas de registro de la Nación.

Funcionarios del grupo de servidores del área de identificación de la Delegación Departamental del Magdalena de la Registraduría Nacional del Estado Civil y de la Unidad de Atención a la Población Vulnerable se pusieron las botas y, guiados por Alcira Villafañe (delegada del Cabildo Gobernador) y otros líderes, se internaron por las estribaciones de la Sierra para localizar, registrar e identificar a la población no registrada e identificada, ofreciéndoles validar su condición de habitantes y ciudadanos colombianos libres, dotados de derechos y deberes que les permiten elegir y ser elegidos a las Corporaciones Públicas e instancias de gobierno del Estado, además de acceder a los beneficios de los programas subsidiados en salud, educación, servicios, alimentación y vivienda.

La tarea se cumplió exitosamente. Los objetivos trazados se lograron y programaron nuevas jornadas para 2019. Hoy, como cuando por primera vez se concibió la necesidad de elaborar el Plan de Vida del Territorio Arhuaco, existe una fuerza nativa capaz de liderar y sacar adelante procesos que les permiten superar sus necesidades.
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