Turismofobia

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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Nada mejor que viajar y disfrutar de locaciones anheladas. Complacer los sentidos con gastronomía, monumentos, climas y maravillarse con novedosos parajes es una experiencia inolvidable. El turismo es fuente importante de ingresos para cualquier lugar; los turistas gastan sumas importantes de dinero, y se estimulan muchas cadenas productivas. Además de infraestructura, hotelería, alimentos y transporte, se potencian sectores como cultura, diversión y servicios, entre muchos otros.

Los viajes pueden ser de diversión o descanso; también, culturales, de entretenimiento o relax. Recientemente han tomado fuerza los viajes ecológicos, gastronómicos, sanitarios y deportivos. Jóvenes, familias, tercera edad, parejas, amigos, negocios, etc. Viajan en busca de otros destinos. Basta que esté dentro de nuestras posibilidades ir a un determinado lugar y disponer del tiempo suficiente para gozar de experiencias diferentes. Las temporadas estimulan la llegada de viajeros, y son anheladas por los sectores turísticos.

El número de paseantes crece incesantemente. En 1950 hubo 25 millones de turistas internacionales en el mundo, y en 2014 ya eran más de 1133 millones; las cifras siguen creciendo. La Organización Mundial del Turismo considera que ese negocio ya supera al de las exportaciones de petróleo, a la industria automovilística o a la alimentaria, ayudando a la estabilidad macroeconómica de los países. Además, reemplaza sectores económicos decadentes o francamente peligrosos. Tradicionalmente, Francia, España e Italia son en Europa los destinos más visitados, con 84, 65 y 49 millones respectivamente; compiten duro los Estados Unidos (75 millones), China y Turquía; en México es el principal destino turístico latinoamericano.

Sin embargo, el turismo tiene facetas indeseables como la prostitución, los robos, las estafas, microtráfico de drogas, los abusos con los visitantes, etc. Los malos turistas son otro lunar: borracheras, peleas, escándalos, abusos sexuales, daños a locaciones, monumentos y un sinfín de hechos ásperos. Además, el turismo de bajo coste, que poco aporta a los destinos pero sí que utiliza todas las facilidades. Una fuerte crítica al sector es la inadecuada correlación entre los ingresos y utilidades de las grandes cadenas hoteleras y los bajos salarios de sus trabajadores. Otro reproche es, al menos en varios países de América Latina, el desplazamiento de pobladores tradicionales en determinados sitios de interés para dar paso a enormes proyectos. Además, asuntos como la saturación, la escasez y el consecuente incremento irracional en los precios de productos, servicios y facilidades.

Las consecuencias del mal turismo son previsibles: el daño de muchos lugares, el turismo paralelo y la  turismofobia. El deterioro está documentado y se habla de lugares en riesgo, por lo cual se limita y condiciona el número de visitantes. El paraturismo afecta negativamente a los inversionistas formales. El rechazo de los habitantes a sus visitantes es una tendencia in crescendo. El constante aumento en el número de viajeros obedece a la “democratización” del turismo por aerolíneas de bajo coste, y el surgimiento del turismo paralelo. En Venecia, uno de los destinos más visitados, hay un fuerte movimiento en contra del turismo masivo. Barcelona y otras ciudades europeas se han sumado a esta tendencia. La hotelería paralela ha causado insuficiencia de vivienda y precios insostenibles para los locales. Además, las estructuras urbanas se han modificado para el rentable negocio de recibir viajeros por días, mucho más productivo.

El consecuente cambio climático es otro lado oscuro del turismo. El combustible de los aviones o los cruceros, las basuras o la escasez de agua son problemas ambientales progresivos. Se sobrepasan los límites críticos de las zonas visitadas, y ya no es turismo sostenible. Se han propuesto soluciones que pasan por limitar el número de visitantes/año o redistribuir a los turistas en temporadas bajas, fomentar otros destinos y desarrollar nuevos productos sobre la base de las posibilidades reales de cada sitio, para dirigir los esfuerzos a nichos específicos según cada destino.

El turismo mundial se incrementará al doble hacia 2030, y las autoridades deben tomar acciones específicas para recibir cifras crecientes de viajeros, pero en condiciones de sostenibilidad antes de que la degradación afecte la competitividad y, como dicen ahora, la marca país. Países como Costa Rica o Nueva Zelanda se vienen adaptando a ello, y trazan pautas claras para equilibrar las cargas. Es una obligación del gobierno para nuestro país, ahora que el turismo en Colombia viene creciendo.

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