Guerra avisada

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Escrito por:

José Lopez Hurtado

José Lopez Hurtado

Columna: Opinión

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A nadie de la gente buena, que en este país sigue siendo la mayoría, se le habría ocurrido que estábamos sentados literalmente sobre toneladas de estiércol, y que los depredadores del dinero público querían seguir en las mismas por otros años más, con sus negociados familiares, sus fétidas mangualas y el carrusel perverso de contratos, de ilícitos espionajes, de seguimientos a la oposición política etc... La justicia colombiana ha venido dando buena cuenta de ellos, por lo que la Fiscalía, la Procuraduría y la Contraloría General de la República, concitan por estos días el aplauso general.

Cada día se descubren punibles conductas que germinaron al amparo de un gobierno que se dedicó a fortalecer una presunta política de seguridad democrática, mientras ignoraba y se hacía el de la vista gorda frente al carnaval de la podredumbre, que como en cualquier orgía griega, tocaba la lira muy cerca del Palacio de Nariño, a pocas cuadras, allí en el Palacio de Liévano en la Plaza de Bolívar de Bogotá, para citar una sola referencia.

El gobierno del presidente Santos, ha encontrado, por eso, aliados insuperables en esos órganos de control. Lo de los "jóvenes emprendedores" Nule, no tiene perdón de Dios, como decían las abuelas. Pero qué tal lo de la salud. No tiene nombre. Juraron, esta vida y la otra, que jamás serían descubiertos.

El último escándalo tiene que ver con el bloqueo de los computadores de la Registraduría después de cerradas las votaciones en marzo del año pasado. No hubo tal que el titular de ese despacho, se hubiera tomado unos whiskys, como trató de hacerse aparecer entonces, y que a eso se hubiera debido el colapso de la página web que impidió a los colombianos conocer los resultados de las votaciones para el Congreso de la República.

No. El asunto es que el ataque tecnológico contra esa entidad, según un informe de una firma contratada para investigar cibercrímenes, se hizo desde las propias instalaciones del DAS, el Ministerio de Defensa y la Policía Nacional, y que el mismo era de "magnitudes considerables más allá de previsiones razonables". Hasta ese punto llegó el gobierno anterior en su venganza contra el Registrador Nacional del Estado Civil, con el que había tenido fuertes desavenencias.

El colmo del asunto se dio cuando a los pocos días del incidente, el obscuro Ministro de ese régimen solicitó una investigación a la Procuraduría contra el titular del organismo.

Como fuere, lo deseable es que sin excepción alguna, todos los responsables de los delitos cometidos durante esos años, sean descubiertos y asuman el peso de la justicia.

Esas conductas criminosas, sin duda, debieron tener sus cómplices en la provincia, a donde también debe llegar la señora de los ojos vendados y la balanza, ahora que estamos viviendo una nueva época de confianza en sus designios.

Pero la lección más importante para los colombianos frente a las próximas elecciones, es que deben considerar estos antecedentes y actuar con prudencia, con un cuidadoso análisis de hojas de vida de los candidatos, para no caer de nuevo en las redes de los encantadores de serpientes, de los pícaros y mercenarios. Al fin y al cabo a los nuevos gobernadores, alcaldes, diputados y concejales, se les va a entregar los dineros de todos.

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