Misterios sin resolver

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Font Size

Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: [email protected]

Gracias a la ciencia moderna y a la tecnología, muchos enigmas, irresolutos por siglos, han tenido su debido desenlace. Otros, por el contrario, se esconden en las brumas del misterio. Las investigaciones continúan en busca de respuestas a fascinantes episodios históricos. Escocia, abundante en atractivas leyendas, nos cuenta del “suicidio” de los perros en el puente Overtoun, el monstruo de Loch Ness o el misterio del faro de la isla de Eilean Mor. Los diálogos de Platón con Timeo y Critias hablan de una isla con una civilización avanzada y floreciente, la Atlántida, que aún no ha sido localizada. El Triángulo de las Bermudas encanta a muchos observadores por las inexplicables desapariciones allí ocurridas. Se discute si el mecanismo de Anticitera era un antiguo computador, un reloj o un aparato de navegación náutica. Nadie ha dado una razón seria del vuelo 370 de Malasya Airlines. Las más interesantes incógnitas les quitan el sueño a muchísimos curiosos.

Uno de los misterios más seductores es el de Jack el destripador. Son más de 100 sospechosos sin conclusiones para señalar a alguno definitivamente; películas y seriados televisivos perpetúan el célebre caso. A finales del siglo XIX, Whitechapel se estremecía por el asesinato en serie, con determinadas características comunes a todos, de al menos cinco prostitutas y otros seis más atribuidos al homicida serial. La vida en el East End  del Londres victoriano tardío era muy difícil; la sobrepoblación y la pobreza les daban la bienvenida a inmigrantes irlandeses y judíos. El crimen, el alcoholismo, la prostitución (62 burdeles y 1200 prostitutas para la época) y la violencia eran la vida diaria de una creciente clase baja en ese lúgubre sector (así lo pintan las producciones), en donde el destripador ejecutó a sus víctimas. Ni el archifamoso Scotland Yard ni la Policía Metropolitana de Londres pudieron dar con el asesino y el voluminoso expediente sigue siendo materia de estudio. Sir Arhtur Conan Doyle, con el mismísimo Sherlock Holmes fracasó en el intento de dar con el famoso asesino; ni el cándido doctor Watson ni el inepto inspector Lestrade pudieron contribuir a la solución.

América Latina tiene su propio inventario de interrogantes. No se sabe cómo y para qué llegaron los moáis desde la Polinesia a la Isla de Pascua, Las perfectas esferas de Costa Rica no exhiben signos de talla, y se desconoce su origen. En Perú, además de Machu Pichu, están las misteriosas líneas de Nazca y Palpa, y Sacsayhuamán. Vilcabamba (Ecuador) es un villorrio de gentes longevas que superan los 100 años de edad con suma facilidad. Al Cerro de Uritorco (Córdoba, Argentina), dicen, llegan ovnis y que debajo del mismo está la ciudad subterránea de Erk. Tampoco se sabe con certeza por qué desapareció la civilización Maya, o si Hitler y su guardia pretoriana se refugiaron en Argentina, ni qué sucedió con las riquezas robadas traídas por los nazis a nuestro continente.

Colombia tiene su repertorio. Muchos biógrafos de Gabo intentan dilucidar por qué nuestro ilustre Premio Nobel jamás regresó a la Argentina. Jaime Abello Banfi afirma que se debió al grosero rechazo de la Editorial Losada a “La hojarasca”; “Hay que tener cuidado con Buenos Aires; quizá te haga sufrir”, habría comentado Gabo. Curiosamente, la capital argentina fue después la cuna de “Cien años de soledad”. Los arqueólogos intentan dilucidar el pasado de Ciudad Perdida y los motivos de su abandono. San Agustín es quizás la más grande necrópolis del mundo, pero no sabemos cuál era la función y el significado de las estatuas que allí moran.

Los primeros invasores españoles, que llegaron a Guatavita con la creencia de que allí todo era oro, joyas y piedras preciosas, no encontraron El Dorado tan codiciado. No hay rastros de los fabulosos tesoros que, ofrendados cada año a sus dioses, han de estar sumergidos en el fondo de la laguna. Se cree que el cerro de Huaica en Tenjo es una misteriosa antena de energía, guía de ovnis, y puerta de entrada al infinito.

Pero el mayor misterio moderno en Colombia son algunos títulos académicos de ciertos políticos. No se sabe de su procedencia ni se conocen los planteles que los expidieron. Incluso, no hay registro de compañeros de clase. Pero ahí están, viendo pasar el tiempo, como la Puerta de Alcalá.

Más Noticias de esta sección

Publicidad