La nacionalidad, según Cristian Valencia

Columnas de Opinión
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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

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Con frecuencia, al intentar escribir un artículo periodístico, nos encontramos desconcertados ante la famosa página en blanco: los temas no aparecen o no los consideramos oportunos. Por el contrario, a veces hay tantos motivos de actualidad que debemos relegar algunos para preferir otros. En el presente caso, como reconocimiento a la épica hazaña del ciclista Nairo Quintana en el Tour de Francia (el 25 de julio ganó la etapa después de dos incidentes que inicialmente lo relegaron a los últimos puestos), me referiré al sentimiento patriótico que despiertan acciones como la de este pedalista boyacense. Sí. Es importante la Nacionalidad. Pero tomaré prestado, casi en su totalidad, lo expresado por el cronista y escritor samario Cristian Valencia en el periódico El Tiempo del 24 de este mes, titulado “Apuntes sobre la nacionalidad”.

     Dice Valencia: “La nacionalidad es algo extraño que, al menos para mí, no está en el himno nacional, ni en la bandera tricolor ni en ese escudo lleno de cosas que ya no existen para nosotros. No siento ninguna cercanía con Ricaurte en San Mateo ni con los surcos de dolores; menos aun con el gorro frigio: me siento colombiano por otras cosas menos rimbombantes. Un arroz de lisa donde sea, pero que sea en Barranquilla, por ejemplo. Estar esperando en el muelle de Magangué la chalupa que me llevará por el Magdalena hasta Bodegas. Cuando pienso en la letra de ‘La piragua’, del maestro José Barros, me siento como el temible Pedro Albundia y lamento mucho que ya no cruja el maderamen en el agua de aquella piragua de Guillermo Cubillos”. (…) “También estoy hecho de cada palabra de la canción ‘Soy de Pescaíto’, interpretada por el Clan de Johnny, y siento dentro de mí toda la gracia musical de Jorge Velosa y su carranga dichosa”.

     “Mi nacionalidad va al pasado de cada rincón del país. Mi nacionalidad tiene que ver con la historia de este país. La verdadera, la dura, la triste, no la historia acicalada de los libros de texto escritos por ladinos historiadores oficiales. La nacionalidad que profeso sabe que Discos Fuentes fue la disquera que hizo posible el porro y el fandango para la gente de los Andes. Vengo, como ustedes, de una parte donde nos conmueven un tambor llamador y un baile cantao, una marimba de chonta, un guasá, unos capachos, el tiple del altiplano o un maguaré que retumba en la selva. Soy de acá porque entiendo las mochilas wayús y las alpargatas, porque respeto a los mamos de los arhuacos y a los jaibanás de los emberas; porque me conmueven los sanjuanitos de Nariño”.

    “Soy de acá porque amo las bibliotecas públicas de todo el país y he visto la sonrisa de los niños al escuchar la voz de un maestro que descifra el mundo desde un papel, y cuando dice de pronto “Había una vez”, parece como si el mundo se estuviera creando en ese justo momento. La nacionalidad hace que me sienta triste porque hay niños que mueren de hambre, y políticos indolentes que padecen la enfermedad de la avaricia y se roban la comida de las mesas. Esos políticos ladrones también son parte de mi nacionalidad. Me definen de alguna manera mucho más que el istmo de Panamá. Cuando veo la Sierra Nevada de Santa Marta siento que me pertenece; y siento que me pertenece el río Inírida, todo. Pronuncio la palabra “Orinoco” con una sonrisa; digo Apaporis y me salen lágrimas. Me siento propietario de todo el Perijá con sus cuentos de contrabando y vallenatos. Mi nacionalidad es esta diversidad, tan bacana, que llevo en la sangre y me gusta”.

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