El descalabro de la moneda venezolana

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jesús Iguarán Iguarán

Jesús Iguarán Iguarán

Columna: Opinión

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Con el lema de:” Luis Herrera, arregla esto” el candidato del partido Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI), Luis Herrera Campins presidente venezolano (1979 1984) le ganó al candidato de Acción democrática (AD) Luis Piñerúa.

Con esta frase alertó al país del estado deplorable y económico en que se encontraba, el despilfarro de los impresionantes ingresos financieros por la explotación petrolera al inicio del segundo lustro de la década de los años 70  por el gobierno de Carlos Andrés Pérez, ya comenzaba a matricular a Venezuela en la crisis financiera de la que jamás había tenido experiencia.

 Herrera Campins, tomó medidas para tratar de frenar la inminente y consecutiva inflación que lo acosaba, más el fenómeno de las impresiones inflacionista, la constante y desenfrenada elevación de precios, llegaron al punto en que la inflación no pudo ocultarse y ya no podía pasar por desapercibida, fue entonces cuando el 18 de febrero de 1983, el gran “viernes negro” nace en Venezuela como el raro majestuoso de la devaluación del bolívar, el cual dio inicio a su depravada caída.

Hoy en estos casi cuatro lustros de gobierno chavista se ha pasado de la inflación a la hiperinflación, el gobierno Maduro, ha gastado más de lo que genera las divisas, ni siquiera los ingresos obtenidos por impuesto, ni siquiera las ventas de bonos al mercado externo, han logrado satisfacer los gastos del gobierno, quien se vio obligado a la venta de bonos a su banco emisor o banco central de Venezuela  (BCV) y éste, como forma única de pago imprimió innumerable billetes sin respaldo, lo que hasta ahora ha generado una inflación de casi 3.000% al año, lo que conlleva a concebir  un promedio de 8.3%  diario. Con estos números incontenibles de súper hiperinflación, obliga a constantes alza de salarios, sin embargo, por mucho que éstos lo eleven,  no existe, ni pueden coexistir salarios que alcancen.

Esta súper hiperinflación galopante sin proponérselo ha logrado el éxodo de venezolanos a buscar mejores medios de vida en otros países, pues quedarse en su país es acostumbrarse a lo inesperado y hasta poder decir que se acostumbraría a vivir en intimidad con el desastre.

La superinflación ha llevado a Venezuela a la evaporación en los ingresos en la industria petrolera, ha causado una crisis de liquidez de dólares y tiene al país en un colapso macroeconómico, que aun no le permite tener flexibilidad de ajuste.

 Esto ha creado un espiral negativo en el que se ven afectadas directamente las economías internas, y la producción a futuro entra en riesgo, ya que sin inversiones no hay manera de garantizarla. De esta manera, el impacto macroeconómico de la baja en los precios del petróleo termina siendo mucho mayor, e indica el  riesgo de incumplir pago de la deuda externa.  Ningún país de la región está sufriendo más el colapso en los precios del petróleo que Venezuela, en donde el crudo representa más de 80% de sus exportaciones totales y por encima de 50% de los ingresos fiscales.

Venezuela históricamente ha sido un país consumidor, por lo que siempre estará cautivada por la importación, razón por la cual los productos que consumen deben ser pagado en dólares, debido a la aceleración creciente e infrenable de esta moneda, día a día se le estrecha más y más en mudo en torno a la garganta del pueblo venezolano, quien debe pagar sus egresos en bolívares dolarizados, mientras que sus ingresos siguen siendo en su moneda casi inexistente.      

Maduro, en el afán de supera la crisis de su gobierno, ha abortado cualquier plan de ajuste, e incluso se siente tan ahogado que osó en ir a la China como buscando un salvavidas,  el país asiático no fue indiferente a sus peticiones, sin embargo, el auxilio chino no ha sido suficiente para contrarrestar la iliquidez de dólares. Hoy su estéril conocimiento de estadista lo ha llevado a culpar a empresarios y opositores, además le achaca el protagonismo del grave estado en que atraviesa la nación petrolera.

Probablemente a Maduro no le basta un salvavidas para superar su nefasta crisis económica, sino más bien un arca donde puedan caberle todas sus constantes animaladas y con él, un profesor que le indique a  la perfección del habla español, porque hasta ahora, Maduro solo habla bien, cuando se equivoca.

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