Tecnología del futuro (5) – aviación, vuelos espaciales y drones

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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La aviación comercial en el mundo inicia con el transporte de correo en Europa y Estados Unidos, por allá en 1910. Transcurría 1919 y nace KLM en los Países Bajos y, poco después, Scadta (hoy Avianca) en Colombia, gracias a unos visionarios que la fundaron en Barranquilla.

Ahora era posible acarrear pasajeros y algunas mercancías en trayectos de unos 850 kilómetros en 8 horas. En nuestro país el éxito fue inmediato debido a lo agreste de nuestro territorio y la inexistencia de vías terrestres; antes, sólo se podía viajar al interior del país por el Río Magdalena durante varios días. Con llegada de la aviación, para ir a Bogotá, los pasajeros abordaban hidroaviones Junker F-13 que acuatizaban en Girardot, pues los primeros aviones no podían volar a las alturas capitalinas; continuaban el viaje en un tren que ascendía a la capital para finalizar en la hermosa estación de La Sabana. En el mundo se impuso la aviación, y los posteriores progresos en materia aeronáutica y diseño de los aeroplanos la llevaron a niveles impensados; los viajes espaciales fueron un colofón previsto.

Los relojes atómicos, el Tiempo Universal Coordinado y la geolocalización fueron las primeras llaves de las puertas al espacio, aventura iniciada con el satélite soviético Sputnik 1 en 1957, seguida por el vuelo la perra Laika y el del cosmonauta Yury Gagarin. Los Estados Unidos respondieron llevado el hombre a la Luna en 1969; Neil Armstrong pisó por primera vez nuestro satélite natural. Ya son varios países en la carrera espacial, pero el sector privado apuesta muy duro: Elon Musk, dueño de Tesla y Space X, Jeff Bezos, magnate de Amazon, y Richard Branson, del grupo Virgin encabezan el listado de empresarios que invierten verdaderas fortunas en el desarrollo de cohetes para grandes emprendimientos como turismo espacial, colocación de satélites, viajes interplanetarios tripulados, exploración espacial y recolección de información de nuestro planeta con fines comerciales, entre otros. Los retos incluyen naves robóticas para enviar a la Luna y a otros planetas, satélites de bajo costo y gran capacidad, lanzamientos “económicos” de cohetes y naves reutilizables, y uso de inteligencia artificial para recolección y análisis de datos. Desde luego, surgen problemas como el uso ético de la información. Pero la comercialización de tecnología espacial permite recuperar las enormes inversiones. En 2016 se invirtieron en la economía espacial US$329.000 millones, unos 246.000 millones de ellos aportados por el sector privado.

Aquellos rudimentarios aeroplanos que iniciaron la era de la aviación han evolucionado a tal punto que hoy, por sus características de funcionalidad, seguridad y economía, el espacio aéreo está congestionado. Los retos ahora son el enorme número de aviones, el uso de combustible fósil y las crecientes necesidades de ese medio de transporte. Hoy se plantean aeronaves eléctricas robotizadas y uso simultáneo de energía solar, nuevos diseños para hacer eficiente el uso de energías, y cambios en la cabina para reducir peso buscando también mayor comodidad, además de telemática para los pasajeros. Estos adelantos no vendrán pronto, pero muchas de estas y otras innovaciones están siendo desarrolladas. Mientras ello sucede, los siguientes pasos son mejorías en los diseños, optimización de la capacidad de las aeronaves y el uso de biocombustibles de segunda y tercera generación.

En cuanto a los drones, ya presentados en sociedad, llegaron para quedarse. Inicialmente de uso táctico militar, pasaron al uso civil y ahora están al alcance de todos. No sólo para aplicaciones audiovisuales, sino otras más: en el Superbowl, 500 drones con luces formaron el logo de Intel. Más allá del divertimento, las aplicaciones van mucho más allá del transporte de objetos; el acceso a áreas inhóspitas con diversos propósitos, la atención de emergencias en lugares recónditos, la verificación de predios para el control fiscal, topografía, cartografía, arqueología, agricultura, ganadería, minería y obras civiles. Se podrá seguir a las aves y animales migratorios, movimiento de peces, pero también con ellos se podrá manipular material nocivo, por ejemplo, nuclear. Imaginemos por un momento a drones robóticos muy potentes, gobernados por inteligencia artificial y GPS, interconectados con satélites para entrega de mercancía, para llevar comunicaciones a sitios donde no existen o para transportar personas enfermas o accidentadas desde lugares inaccesibles. Las aplicaciones posibles son todas las que el ingenio humano pueda concebir.

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