Colombia sancocho único

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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

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Los hechos más extraños ocurren en el diario acontecer. Son la más clara expresión de la diversidad, que nos permite ser diferentes y manifestarnos de distintas maneras. Con razón alguno de los nuestros decía que “lo más parecido a la sociedad colombiana es un sancocho trifásico”, porque así como las carnes, la vitualla, las verduras y el aliño casero, que no son de lo mismo, intervienen agregándole al cocido su mejor parte al sabor final; así, quienes vivimos en este país y no hemos perdido aún la capacidad de sorprendernos, sentimos que somos únicos y que ni siquiera nos parecemos a nuestros vecinos latinoamericanos.   

 

Hace apenas un par de semanas, viajando de Barranquilla a Santa Marta -como suele ocurrir con alguna frecuencia- un grupo numeroso de habitantes de Tasajera había cerrado la vía pidiendo, solución a la falta de agua y energía eléctrica. Resistieron el taponamiento por espacio de dos horas, tiempo suficiente para que el Esmad aplicando toda su fuerza tomara el control de la situación y despejara la carretera. Vi al pasar, a unos 300 metros de la caseta del peaje, los restos todavía humeantes de la acción ciudadana. Pero, lo que realmente me sorprendió apareció más adelante.

A unos quinientos metros, otros, cubiertos de raso y etaminas, celebraban el casamiento de una pareja de jóvenes nativos, acompañados de la vibración sonora de un escaparate a todo timbal que nos estremeció al pasar. Y, a menos de 200 metros, en la única cancha salitrosa del pueblo a mano derecha, se jugaba el gran clásico de la fecha de la segunda división: Deportivo Tasajera versus Trojas de Cataca. Es decir que, los ocasionales viajantes transcurrimos tres escenarios humanos unidos en las euforias frenéticas de una protesta, de una fiesta matrimonial y de un partido de futbol, que le dieron ese toque tan especial al recorrido; como el que le da la combinación de tantos ingredientes y la pimienta de olor al sancocho trifásico.  

Esa es la sociedad nuestra. En solo un kilómetro, en un territorio con si acaso diez mil habitantes o quizás menos, en donde todos se conocen porque llevan incluso los mismos apellidos, vendedores callejeros, futbolistas y pescadores la mayoría esperando vivir sus propias sorpresas, porque no tienen como evitarlas o eludirlas, como a nosotros nada nos debería sorprender en los 1.138.338 kilómetros cuadrados de la geografía y más de 50 millones de colombianos activando sus individualidades y tratando de mostrar en qué nos diferenciamos de los demás,  para parecer únicos y verdaderos en lo que le aportamos cada uno al gran sancocho nacional.

¿Será por ello que nos ubican en el penúltimo de lugar del mundo de mayor  “desconfianza hacia el otro”…que siempre estamos buscado una “segunda intención” en los demás…que creemos y nos apegamos de lo que tenemos por delante, un billete, un plato de comida…que nos dejamos arrastrar por cuanta corriente insulsa nos pinta “pajaritos en el aire”…y, que no sabemos para dónde carajo vamos, porque la incertidumbre nos acecha y nos conturba?

A mi parecer, estos son síntomas del malestar que nos aqueja. Profundo. Del que muchos hablaron ya, de la falta de un “propósito colectivo nacional”, hay que repetirlo muchas veces, hasta que sea grabado en nuestras mentes para que se convierta en acción real, en verbo, en discurso, en enseñanza, en consejo y en recomendación capaz de convulsionarnos interiormente, removernos por dentro y prepararnos para contribuir con el cambio que la sociedad reclama y entonces, al probarlo, poder decir, como cuando terminamos de degustar el sancocho “nunca antes me comí uno igual”. 

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