La izquierda y derecha colombiana en medio del nihilismo

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Escrito por:

Eimar Pérez Bolaños

Eimar Pérez Bolaños

Columna: Opinión

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Cada vez que se aproxima una contienda electoral, surgen las esperanzas de cambio y transformación en las clases más desfavorecidas, principalmente trabajadores, estudiantes y todas las personas que a través de avatares enfrentan el diario vivir, en una sociedad cada vez más asfixiada por los medios, la propaganda guerrerista y diversos espectáculos distractores de lo real.


Tanto así, que el panorama de elecciones presidenciales vuelve y pone sobre la mesa las necesidades estructurales de un país al que le urge replantear su proyección social, económica, política y cultural. Sin embargo, el contexto actual nos muestra a una sociedad mucho más polarizada que en los comicios anteriores, en el cual se encuentran en boga, el tema de la paz, la corrupción en la justicia y de las instituciones en general, la justicia especial para la paz (JEP), la maquinaria y alianzas del establecimiento para perpetuarse en el poder. 

En consecuencia, las bases orgánicas de la sociedad “el ciudadano de a pie” queda en medio de la desinformación y al vaivén de los sistemas de poder establecidos. Ya no se observan ideologías claras, ni partidos políticos con un programa que oriente las expectativas de sus simpatizantes. Lo que se evidencia es un cúmulo de estrategias para obtener el poder a consta de cualquier medio, incluso yendo en contra de la misma ideología. Esa es la política macondiana!.En ese orden, los llamados partidos de izquierda o derecha se encuentran en una especie de relativismo ideológico; enfoque que no los separa sino los une en medio de alianzas perceptibles al ciudadano votante.

También la confusión se promulga, porque por un lado la retórica de promoción de odios a través de la cultura guerrerista y de venganza que no se puede negar es inherente a nuestra constitución como nación y por otro lado la promoción de la “paz perpetua”, el perdón y la reconciliación.  Por consiguiente, en medio de esa lógica de discontinuidades aparecen los discursos mesiánicos desde distintos frentes ideológicos. Pero en medio del caos lo que se percibe es un nihilismo. ¿Qué nos espera?No puede haber desde mi perspectiva una respuesta esperanzadora, pues la crisis universal que repercute en cada uno de los espacios de la tierra, ya no es tanto de clases sociales en medio de pugnas políticas, sino un vacío de consciencia que promueve la destrucción.

Tanto así que estamos casi que condenados a la barbarie desde cada amague que diariamente desde las estructuras del poder universal colocan en jaque a la condición humana, por medio de una relativizada guerra fría que aún no termina. Seguidamente, teniendo un panorama con las particularidades brevemente mencionadas, para el caso colombiano tampoco es factible una transformación inmediata a partir de un proceso electoral que en algunos meses se estará llevando a cabo, pero como menciono, augura el mismo resultado, pese a que hayan muchos “críticos” de tal contexto, pues su consciencia es arrasada  por  la demagogia y por la retórica del establecimiento que  a través de sus múltiples aparatos ideológicos y además valiéndose como siempre de las necesidades básicas, como también de la ignorancia con su respectivo velo que promueven diariamente, terminan ejerciendo el dominio  en las decisiones de las masas. 

Con todo lo anterior y lo poco que he escrudiñado de la historia política desde los griegos, pasando por distintos momentos y pensamientos, la idea maquiavélica y hobbesiana no en sentido político estricto sino desde una perspectiva antropológica cobran vigencia, sobre todo la tesis de que “el hombre es lobo para el hombre”. A qué me refiero? Considero que los problemas y realidades que observamos universalmente que van en contra del bienestar común no responden a unas estructuras distintas a lo que es realmente el hombre; más bien en plenitud de su razón mediado por sus deseos primarios, aunque la moral y la religión han pretendido ocultar, ha desarrollado y puesto en evidencia su forma de ser y estar en el mundo.

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