Si, Dios quiere

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alberto Linero Gómez

Alberto Linero Gómez

Columna: Orando y viviendo

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Muchas personas antes de tomar una decisión importante, dicen cosas como: ¡Que sea lo que Dios quiera! Tengo que preguntarle a Dios qué quiere de mí, etc.
Confieso que ha habido momentos en mi vida donde yo mismo he usado esas expresiones, buscando consuelo en Dios frente a mis temores, inseguridades o indecisiones. Para muchos, vivir la vida confiado en las decisiones de otros resulta más fácil, no se corre el riesgo de equivocarse.

Nos aterra “meter las patas” con las cosas importantes, por eso acudimos a Dios a preguntarle, con nuestra Fe puesta en él, qué debemos hacer, de ésta manera, si sentimos que él nos contesta nos aventuramos con un poco más de confianza. Para otro tipo  de personas, vivir bajo las decisiones de otro resulta inaceptable, les  cuesta el hecho de estar sometidos en algo a la voluntad de otra persona y desearían tener el control completo de su vida. Cuando las cosas se salen de sus manos o de sus planes entran en crisis.

Estas personas suelen tener un plan claro de su futuro, los tiempos, las decisiones, las oportunidades, el trabajo, el dinero y demás sin comprender a veces que la vida tiene cierto grado de incertidumbre, que hay cosas que simplemente dependen del azar o que no salen como las planeamos. Sea cual sea tu caso, es importante ser conscientes de dos cosas: Primero, antes de preguntarle a Dios, qué quiere él de nosotros es vital que tú te preguntes ¿qué quiero yo para mí? Si algo hemos aprendido viendo la historia de salvación es que el Señor es profundamente respetuoso de nuestra voluntad, él respeta a cabalidad nuestra libertad.

Así que escoger nuestro camino es una tarea de la que no nos podemos librar. Dios nos ayuda, pero a encontrar nuestros propios anhelos, nuestras motivaciones, aquello con nos hace vibrar y sonreír. Y segundo: también es indispensable entender que las cosas no siempre salen como queremos, que la vida es incierta en algunas cosas, y aun cuando mucho de lo que pasa en ella demanda de nosotros un rol protagónico, hay cosas que no podemos controlar.

Lo que sí está en nuestras manos es escoger nuestra respuesta a eso que nos presenta la vida, a los cambios de planes, a las malas y las buenas noticias que llegan de forma inesperada. Dios nos ha soñado protagonistas de nuestra propia historia, capitanes de nuestro barco y, ¿dónde están las respuestas? Pues desde que Dios  decidió que no lo buscaran más en el cielo sino en la humanidad, las respuestas están en lo profundo de nuestro propio corazón. A pesar que haya momentos (porque los hay) en que perdemos el rumbo y no sabemos bien qué hacer, si nos detenemos, nos acallamos y nos escuchamos, seremos siempre capaces de discernir nuestro propio camino, ese que nos haga más felices a nosotros  a quienes nos rodean.
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