Venezuela y sus nuevos pobres

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

e-mail: cecilia@cecilialopez.com

Ningún colombiano con un mínimo de sentimiento de solidaridad puede ser indiferente a los videos y a los artículos que muestran a venezolanos escarbando basura para comer. Y como se aclara, no se trata de indigentes que, para vergüenza del mundo, vienen viviendo así hasta en los países ricos.
No; en el caso de nuestro país vecino, se trata de nuevos pobres, de esos ciudadanos que hasta hace poco tenían un trabajo digno y podían sostener a sus familias. Este concepto de nuevos pobres ya se había identificado en otros países de la región, como en Argentina, cuando pasó por una gran crisis económica. En ese caso la pérdida de la capacidad de compra de amplios sectores los llevaba a convertirse en limosneros, con buena ropa, esa que les quedaba aún de mejores épocas.

Pero el caso de los nuevos pobres venezolanos es mucho peor. Cuando no se puede ni siquiera adquirir los alimentos para sobrevivir, los economistas han definido esa situación como indigencia, física miseria; para ser claros, el peor grado de carencia al que puede llegar un ser humano. Los pobres al menos pueden comer, pero no atender bien sus otras necesidades básicas, como vivienda, salud, etc. Es decir, lo que estamos presenciando en Venezuela es cómo un país rico en petróleo, tiene, según afirman los medios, por lo menos 2,8 millones de indigentes que antes no eran ni siquiera pobres. Los niños en los basureros, las mujeres seleccionando qué pueden volver a cocinar de lo que dejan los demás. ¿Alguien se podía imaginar que las pieles del pollo que muchos desechan, se vuelven los chicharrones que algunos preparan como único alimento?

¿Y donde está el resto de América Latina que tanto habla? ¿Dónde están las organizaciones internacionales llenas de gente bien pagada y alimentada? ¿Dónde está ese mínimo de solidaridad de nosotros los colombianos, que cuando ellos eran ricos y nosotros pobres, Venezuela recibió miles de nuestros compatriotas y les ofreció un futuro. ¿Por qué esta profunda indiferencia y esa poca acogida que, en algunos sitios, les estamos dando a quienes repiten al revés lo que nos ayudó en su momento? Nos gustan los venezolanos ricos; esos sí entran por la puerta grande y nos encantan las similitudes con nosotros. Pero los peluqueros, los jóvenes sin carrera profesional, las mujeres que terminan en la prostitución a falta de otras alternativas para sostener a sus hijos, a esos sí los vemos como un gran problema, como una plaga. ¿Modelo Trump?

Que no se dé una declaración de guerra, por decirlo de alguna manera, al gobierno desastroso de Maduro: eso es algo que se le deja a esa —a veces absurda— diplomacia latinoamericana y mundial. Pero que dejemos morir de hambre a este pueblo hermano, esa es arena de otro costal. Los países de esta región y Colombia en particular, a falta de una reacción de los organismos internacionales, debíamos tomar la crisis venezolana como hemos hecho con otras catástrofes. Porque de esa dimensión es lo que se vive en ese país.

No solo al gobierno —que tiene sus propios enredos—, sino también al sector privado, a esas industrias que se volvieron ricas en otros momentos vendiéndole a Venezuela de todo; a la sociedad civil y a todos los colombianos pudientes, es a quienes se les hace un llamado para que, de manera eficiente y transparente, sin causar dramas políticos, ayudemos a estos nuevos pobres de Venezuela que están llegando al límite. Integración —palabra tan usada política y económicamente—, pero para la solidaridad con nuestro país hermano, es lo mínimo que podemos hacer.
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