Entre la bicicleta y el celular

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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

e-mail: cecilia@cecilialopez.com

Sin duda la tecnología y los nuevos parámetros de la sociedad moderna generan una cantidad impresionante de cambios en el comportamiento de las sociedades actuales. No tratar de adaptarse es un profundo error, porque muchas de las innovaciones mejoran la vida de las personas.
Rechazar de plano lo nuevo solo genera una sensación de vivir añorando un pasado que ya no existe y se crea una especie de freno a la dinámica propia de estos tiempos. Hasta ahí, todo es positivo en dos elementos de la vida diaria de los colombianos, el uso de la bicicleta para movilizarse y el uso del celular.

Empecemos por la bicicleta. Cada día más personas la utilizan por las razones que todos conocemos y por las facilidades que las autoridades le están ofreciendo a esta forma de transporte. Los beneficios son muchos tanto a nivel individual como colectivo; es bueno para la salud, da sensación de juventud y modernidad y además ayuda a resolver el horrible tráfico de vehículos automotores, que es uno de los grandes dramas de las ciudades de muchos países. Pero —y ahora vienen los problemas—, precisamente por todos los estímulos que recibe la bicicleta por parte de las autoridades, la mayoría de sus conductores creen que pueden pasarse por la faja las normas mínimas que con mucho dolor han aprendido un poco más los conductores de vehículos.

Para aquellos que no viajamos en bicicleta por distintas razones como por no haber superado en nuestra niñez la etapa del triciclo, porque las articulaciones no responden, etc., estos ciclistas se han convertido en un verdadero peligro. A este nuevo y creciente sector de la población, como sucede siempre en nuestro país, le venden los beneficios de transportarse de esta manera y no les exigen los deberes que tienen que asumir para no crear problemas. Las autoridades tienen una profunda responsabilidad en esta situación.

Se burlan de los transeúntes cuando les pedimos que respeten las normas de tránsito. Olímpicamente se pasan en rojo los semáforos y les importa un comino lo que le pase al aturdido personaje que va caminando y que no sabe para dónde mirar. Cuando hay trancones, se toman las aceras, lo que también hacen las motos aumentando así las posibilidades de atropellar al que va de a pie. Su actitud es arrogante porque ellos sienten que sí están a la moda en este país superficial en que vivimos. Hasta que no atropellen a un personaje ilustre no va a pasar nada.

Y ahora el celular. Aunque se apague por petición del sitio donde presentan espectáculos, ahora la “moda” de nuevo, es sacar uno de esos brazos que venden, y no conformarse con mirar, escuchar el espectáculo, sino ahora tienen que grabarlo. Y en ese proceso perturban a quienes están detrás que tienen que competir con la pantalla del celular para poder observar lo que se está presentando. No solo es la luz la que molesta sino el físico aparato que obstruye la visión del pobre espectador que está cerca o detrás.

Perfecto las cosas nuevas, pero lo que no puede cambiar es la educación, es el respeto por los demás, es no ser fanfarrón a expensas del resto de la humanidad. Si no se corrigen estos abusos, estas faltas de respeto a las normas mínimas de convivencia y a los derechos de los demás, vamos a terminar odiando tanto a la bicicleta como a sus ciclistas y a estos aficionados que no les basta con escuchar, sino que tienen que grabar lo que están supuestamente disfrutando.

Por falta de educación ciudadana, por creer que estar a la última les da licencia para violar todas las normas de comportamiento ciudadano, los colombianos sufrimos las consecuencias del mal manejo de los ciclistas y del uso exagerado de los celulares. Es decir, sufrimos por las bicicletas y los celulares. Es hora de que se tomen medida para disciplinar a los ciclistas y a estos aprendices de director de cine que todo lo graban.

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