Pobreza y desprotección

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Escrito por:

Saúl Herrera Henríquez

Saúl Herrera Henríquez

Columna: Opinión

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En lo que va del año, son varias las comunidades que han perdido bienes como consecuencia de las intensas lluvias, lo que hace importante que se avance de manera relevante en la construcción de un programa de protección civil que funcione a la par de los programas de atención de desastres de los gobiernos Departamental y Nacional para la prevención y mitigación de los efectos que tienen los fenómenos hidrometeorológicos en todo el territorio.


Ello debe ser de especial cuidado, particularmente porque quienes más sufren en estos eventos son personas marginadas, quienes viven en condiciones económicas pauperizadas y por ende en sitios con características territoriales de igual condición, hecho que precisa, exige y manda a replantear la forma en cómo valoramos y percibimos estos eventos, porque en sentido estricto, quienes pierden la vida, su exiguo patrimonio, así como sus escasos activos productivos, son personas que viven en zonas rurales o urbano-marginadas, y que forman parte de los grupos de población más empobrecidos.

Así las cosas, conveniente es adentrarse en otras formas de caracterización de dicha población, toda vez que el método tradicional enmascara estos sucesos bajo la clasificación mentirosa como “desastres naturales”, cuando lo correcto sería definirlos como desastres sociales, ya que no es precisamente, la intensidad de las lluvias lo que genera tales pérdidas, sino la precariedad social en que viven las personas que no tienen otra opción a la de ubicarse en zonas no aptas para vivir con dignidad, generando lo cual cuantiosas pérdidas en personas y dinero por los daños ocasionados por los fenómenos naturales, causando incrementos graduales año tras año , lo que se torna preocupante, sobre todo que, dado el escenario mundial de cambio climático, lo esperable es que, de no modificar nuestros patrones de actuación, prevención y mitigación, los costos económicos y sociales continuarán creciendo en los próximos años.

Ante lo cual y de manera olímpica e irresponsable, suele argumentarse con relativa simpleza y pasmosa facilidad que las personas son responsables de lo que les ocurre, pues insisten en ubicarse en zonas de riesgo; empero, es válido preguntar: en medio de la pobreza, de la marginación, de la ausencia de capacidades para el desarrollo humano y en un entorno-país de escasa movilidad social, ¿a dónde van a ir? ¿Cómo moverse de una vivienda precaria a una segura, si no se tiene ni lo indispensable para comer? Entendamos, no se trata de eventos y consecuencias producto estrictamente de la suerte de una sociedad así construida; esto es, de manera desigual, empobrecida, marginada, improvisadamente y sin prevención ninguna, cuando el mandato es enfocar hacia la transformación, todo lo cual, en dirección a una mejor sociedad, ganando con ello superiores constructos y evitando costos ingentes de dinero innecesariamente.

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