La guerra, una multinacional…

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Abel Portacio Sarmiento

Abel Portacio Sarmiento

Columna: Opinión

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La guerra es uno de los problemas sociales más antiquísimos en la historia de la humanidad.

El mundo entero ha sido testigo mudo y fiel de esto crueles y despiadados conflictos bélicos en donde miles de personas pierden la vida y, de paso siembran el desequilibrio social y emocional entre los familiares de las víctimas del conflicto armado. Muchos de estos conflictos se convierten en verdaderos genocidios como los generados por los dictadores europeos Stalin y Hitler en donde millones de personas, la mayor parte de ellas fueron víctimas inocentes, cayeron bajo el poder de esos psicópatas.

Muchos son los factores generadores de conflictos como la falta de comunicación, la inequidad social, las injusticias, la violación de los derechos humanos, la soberbia, la prepotencia, la intolerancia, la exclusión, y muchísimos factores más que desestabilizan el equilibrio social de una comunidad.

Toda guerra tiene sus pro y sus contra; aunque más son las desventajas y efectos para la sociedad; paradójicamente también tiene sus efectos positivos en el ámbito social, político y económico. Uno de esos efectos o consecuencias es el control de la natalidad que de manera consciente o inconsciente, se pone en práctica en el mundo, mediante el ejercicio de la guerra para combatir la explosión demográfica, o sea, el crecimiento desmedido y sin control de las personas en una comunidad, flagelo que tiene en vilo a muchos países en el orbe, especialmente a los asiáticos.

Por otra parte, la guerra se ha convertido en un mal necesario para la sociedad hasta el punto de que hoy día se ha constituido en una verdadera industria generadora de trabajo, de bienes y servicios que debido a su gran demanda, la misma sociedad la ha convertido en una multinacional en la que se benefician muchos sectores del tejido social.

También con la industria de la guerra se benefician en su orden, los países expansionistas que siempre están presentes en los contextos de guerra para avivar el fuego de la hoguera humana, y para posteriormente acabado el conflicto, cobrar con creces la mortífera ayuda humanitaria prestada a países en conflicto.
También se benefician de la guerra, los productores y expendedores de armas, los sectores de la economía local y nacional como los proveedores de insumos hospitalarios a los centros médicos, a las clínicas y hospitales del país; los vendedores de seguros, los proveedores de servicio fúnebres; los prestadores de servicio de ambulancias; los proveedores de víveres y abarrotes; los o las manipuladoras de alimento; y en fin, los miles de empleos directos e indirectos que se derivan de esta macabra industria.

Igualmente se benefician de esta industria, las familias de los militares y de los grupos al margen de la ley, ya que reciben el sustento diario gracias a este siniestro y lucrativo negocio. Por esto metafóricamente hablando , la guerra es un gran pastel apetecido por muchos sectores de la sociedad, en donde muchos de ellos aspiran y esperan tener la tajada más grande de ese exquisito ponqué. Estas desigualdades es lo que origina los grandes conflictos sociales en el mundo. Si todos los actores de la guerra llegaran algún día a ponerse de acuerdo mediante un consenso, para repartir equitativamente ese gran pastel, es evidente que la guerra se acabaría.

La inequidad e injusticias sociales son los factores que más generan conflictos, en los pueblos y comunidades del mundo. Estas desigualdades sociales marcan a los sectores más desprotegidos y minoritarios de la sociedad colombiana. Es por esto que la guerrilla en Colombia nunca se acabará y cualquier proceso de paz que se dé en Colombia, solo será paños de agua tibia para mitigar la problemática social que estoicamente sufrimos los colombianos; a menos que en Colombia se lleve a cabo un verdadero proceso de paz coherente y de cara a la real problemática socioeconómica que vivimos los colombianos.

Otra causa no menos importante también generadora de conflictos, es la ambición humana, la avaricia que enceguece a las personas, convirtiéndolas en indiferentes, insensibles e irresponsables ante la problemática social que impera en nuestra querida, pero sufrida sociedad colombiana.

En medio de toda esa filosofía barata que se teje en relación a la guerra, hay un hecho casi infalible ¡La mejor guerra es aquella que no se hace¡
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