La profesión de la abogacía

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Font Size

Escrito por:

Alfonso Lopez Carrascal

Alfonso Lopez Carrascal

Columna: Pedagogía Constitucional

e-mail: [email protected]

El Art. 26 de la Constitución Política de 1991, que nos rige señala en su inciso segundo "que las profesiones legalmente reconocidas pueden organizarse en colegios". La estructura interna y el funcionamiento de éstos deberán ser democráticos. La ley podrá asignarles funciones públicas y establecer los debidos controles." Son los llamados colegios de pares, como los tienen establecidos los médicos desde antes con la Ley 23 de 1981 y buenos resultados que han dado los tribunales éticos de médicos, con personas de experiencia y versación científica.

El gobierno en cabeza del ministro Vargas Lleras alimenta esa idea y ya se han dado pasos en ese sentido en varias regionales, que obliga al gremio de abogados estar a la expectativa. Siguiendo al profesor en el exilio Arrubla Cano, Rodrigo, "Ocaso y decadencia del abogado, Genealogía del nuevo abogado" Litografía Rino Medellín) se presenta una cierta dicotomía entre el viejo abogado y el nuevo abogado. El autor plantea un juicio histórico contra al viejo abogado por estimarlo rengado, rencoroso, egoísta, inseguro, patriotero vendedor de paraísos y nirvanas constitucionales, agoreros de legislaciones y códigos, presuntuosos, aduladores de sí mismo como la conciencia, intelectual, jurídica y doctrinaria más clara y limpia del Derecho. Depredadores de la administración de justicia. Sirve para invitar al nuevo abogado para buscar nuevos horizontes más allá del afán mercantilista. El viejo abogado se muestra como virgen engañada al servicio de la burocracia y de la administración de justicia en procura de beneficios personales. El viejo abogado se ahogó en premisas de izquierda única manera de resolver la coyuntura nacional. El nuevo abogado debe recoger las banderas que el viejo abogado echara a un lado, si queremos el cambio real de una sociedad que no es igualitaria. El viejo abogado fue cómplice de antiguas tiranías de hecho y constitucionales. El nuevo abogado debe abogar por una sociedad más justa e igualitaria para romper la brecha de una supuesta lucha de clases, que no es la pertinente sino de oportunidades para todos.

La abogacía sí es el fruto del estudio y la responsabilidad permitirá auscultar la luz que la ignorancia de los pueblos no ve, y que explica cómo se continúa la política que debiera ser de gerencia. Volver al político de servicio y no de inversionista negocial que es la falla del sistema. Eso explica que el nuevo abogado debe aprender a ver, oír, hablar y escribir. El campo de la gerencia política debe ser la inmediación del nuevo abogado. El nuevo abogado debe ofrecer confianza, ser inteligente en servicio de una función social de servicio. Ya no puede seguir sirviendo de crucero entre el usuario de justicia y el operador de justicia. Debe haber el poder de la razón y de los argumentos. Mao Tse Tung enseñaba: "El conocimiento es problema de la ciencia y ésta no admite la menor deshonestidad ni la menor presunción; lo que exige es ciertamente lo contrario ¡honestidad y modestia."Hay el deber de darle credibilidad a la abogacía de hoy. No midamos el éxito por las tulas que recaudemos. Hoy el 85% de las defensas penales están en manos de contratistas del Estado que son los defensores públicos, lo que implica que ya no podemos seguir creyendo que el ejército del derecho penal debe estar presente en la nueva administración de justicia pero puede ser alienado por ella. El nuevo abogado al asistir a los estrados judiciales para clamar justicia lo hace por su órbita laboral pero no perdiendo sus principios y debe luchar contra el error judicial y la manipulación de la justicia torticera. Por tanto, podemos decir que la abogacía no ha muerto y eso explica el interés de crear los Tribunales éticos de los abogados para que éstos sean investigados y juzgados por sus propios pares. Es una reflexión a quienes tienen el honroso título de abogado.

Publicidad