Política onírica

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Si repasamos algunos episodios de la historia, encontraremos una puesta en escena común que conjuga elementos infaltables como un ambiente de crisis, manipulaciones mediante mentiras o medias verdades, caudillos de fácil verbo, intereses creados, ignorancia popular, sentimientos primarios, miedos irracionales, burdo patrioterismo, magnífica propaganda y medios cómplices que, en explosivo sancocho, han conducido a muchas naciones a dolorosos episodios, repetidos con singular frecuencia. Siempre hay un detonante provocador.

Alemania sufría la gran depresión de 1929 cuando un sombrío austriaco aparece como salvador de los germanos desplegando una plataforma política de nacionalismo extremo, pangermanismo y antisemitismo apoyada en un partido antimarxista, contrario al Tratado de Versalles y opuesto al gobierno de la postguerra. Su discurso de odio, intolerancia y pretendida superioridad racial caló fácilmente en los agobiados teutones; en 1933 se apodera del gobierno, y el resto de la historia es conocido: la segunda guerra mundial, el inútil sacrificio del país, 70 millones de muertos, la destrucción de muchas naciones, un planeta dividido en 2 universos políticos opuestos, y la consecuente Guerra Fría.

El gobierno de George Bush hijo, interesado principalmente en el petróleo y sus negocios conexos, inventó inexistentes armas de destrucción masiva para invadir a Irak, tal como asaltó a Afganistán usando el oscuro episodio del 11/9. Incluso, alegó una inexiste alianza entre los exespías de la CIA Osama y Saddam (reclutados por papá Bush cuando fue su director). La tramoya surtió efecto, y la devastación de esas dos naciones es tan canalla como inadmisible. Actualmente se construye un gasoducto de enorme peso geopolítico: Irán-Pakistán-India, y se planea un poliducto que convertiría a Siria en un nodo de transporte de hidrocarburos entre el Golfo Pérsico y los mares Negro, Mediterráneo y Caspio. Hoy, a través de Siria transcurre el Gasoducto Panárabe que conecta a Egipto con Libia, y hay otro que conecta a Irak con Siria. Es “curioso” que a los países del Medio Oriente presentes en los mapas petroleros y del transporte de hidrocarburos se lee declare “terroristas” o “amigos del terrorismo” por parte de los Bush, entrañables y antiguos socios comerciales de la familia Bin Laden.

Si usted es extraterrestre y le cuentan que en Colombia hay un conflicto interno de más de medio siglo, y que el presidente, proveniente de una familia adinerada, poderosa y muy influyente, es un guerrillero camuflado que ideó una maquinación internacional para entregar el país a quienes combatió con dureza cuando fue Ministro de Defensa e imponer un régimen comunista igual al de Cuba y Venezuela con el propósito de expropiar a los ricos y empobrecer al país, complot desarrollado por una canciller inepta pero sagaz y capaz de engañar a los Estados Unidos, la Unión Europea, el Reino Unido, la ONU, la OEA, la ONU, el Vaticano, etcétera, cómplices tontos del proceso de final de ese conflicto, literalmente moriría asfixiado de la risa: el teatro del absurdo en pleno. El problema de ello es que muchos creyeron en ese rollo y, por muy poco, perdió las elecciones presidenciales el candidato del incoherente argumento, hoy prófugo de la justicia como varios de sus copartidarios. Los personeros de nuestra derecha radical no conciben un mundo distinto al de sus antepasados coloniales.

El reciente referendo del Brexit, generado por una política de miedo, xenófoba y nacionalista basada en mentiras, dirigida a la nación inculta, desinformada y cerril, abrió un episodio de incertidumbre tanto para británicos como para los europeos y, consecuentemente, para el resto del planeta. Nigel Farage, para resolver un asunto partidista interno, convocó a un referendo que pretende separar a los británicos de los demás: Cameron, tontamente, les siguió el juego; mucha gente tragó entero, pero no así en la cosmopolita Londres ni los británicos jóvenes, que poco acudieron a las urnas. Las consecuencias son imprevisibles, y el Reino Unido está en crisis. Después del referendo, el propio Farage reconoció farsas como la supuesta incorporación de Turquía a la Unión Europea (que traería migrantes a quitarles los puestos a los british, o muchos terroristas musulmanes), los supuestos envíos de mucho dinero de UK a la UE, etc. Hecho el daño, ¿responderán el separatista Farage y su partido UKIP ante su pueblo?

Apostilla: El mapa de la enfermedad de las vacas locas coincide al 100% con el voto favorable al Brexit. ¿Estamos locos, Lucas?

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