El pretexto galo para irritar a México

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Escrito por:

Ignacio Pareja Amador

Ignacio Pareja Amador

Columna: Reflector Mundial

e-mail: reflectormundial@yahoo.com.mx

Twitter: @Nacho_Amador 

¿Hasta dónde las relaciones diplomáticas entre dos Estados pueden sucumbir ante las consecuencias de la voluntad individual?

El asunto está así: en 2009 el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, visitó México para fortalecer las relaciones bilaterales y para invitar al país azteca a participar con personal militar en las OMP (Operaciones para el Mantenimiento de la Paz) con el argumento que en ese entonces México era miembro no permanente del Consejo de Seguridad, razón por la cual debía ampliar sus aportaciones en pro de la paz y seguridad internacional.

En aquella visita Sarkozy anunció que México sería el país invitado para engalanar una muestra integral de la cultura mexicana en el país galo, en un evento denominado justamente "El año de México en Francia".

Todo marchaba bien hasta que hace algunos días, en un asunto que ha entibiado las relaciones entre ambos países, las autoridades mexicanas negaron un amparo para la ciudadana francesa Florence Cassez, quien es acusada de tener vínculos con el crimen organizado y a quien se le ha sentenciado a 60 años de prisión.

El tema se complicó cuando algunos funcionarios del gobierno francés amenazaron con boicotear el evento, arguyendo que no hubo una investigación correcta por parte de las autoridades mexicanas, al grado de acreditar que existió "un montaje policial destinado a culpar a [su] compatriota".

En este orden de ideas vale la pena hablar de la tibia respuesta del gobierno mexicano sobre dicho asunto. De esta manera, sabemos que han habido numerosas peticiones hacia la Cancillería para llevar a México por un camino de respeto, confianza y solidez a nivel internacional, éstas han venido desde distintos frentes, los cuales argumentan que ya es momento de dejar esa política exterior de bajo perfil que tanto daño hace al país y que lo sucumbe a la sombra de los poderosos manteniéndolo alejado de las demás potencias emergentes.

Los mexicanos han reclamado que se les dé el lugar que merecen en la arena internacional; que los países del mundo sepan que son la décima primera nación más poblada y más rica del mundo; el decimoquinto país más grande, y que por lo tanto son una potencia emergente que merece el debido respeto a su cualitativamente más importante cultura, así como a sus manifestaciones artísticas.

Sarkozy -con su gran poder unilateral- fue el encargado para resolver el asunto, decidió que el "Año de México en Francia" continuará bajo la condición de que antes de cada evento se leerá algún texto sobre la situación de Cassez para que no quede en el olvido, sin embargo, el caso va más allá de una decisión personal, ya que sabemos que las relaciones entre dos Estados siempre deben estar gobernadas por la diplomacia y por las normas del Derecho Internacional. Una sutileza especial que sólo puede estar presente cuando hay correspondencia entre las partes, cuando existe un seguimiento de los protocolos correspondientes y un respeto mutuo a las instituciones.

Afortunadamente este apuro diplomático ha terminado, o eso parece. Ya no estamos en aquellos tiempos en los que las potencias podían tomar cualquier argumento injustificado para reclamar por indemnizaciones políticas, no, estamos en un momento histórico donde ambos países han cambiado, donde ambos deben reconocer la importancia de su mutua relación, de sus lazos en común.

Este es el tiempo de los ciudadanos, quienes estamos hoy más que nunca conectados por las redes y virtudes de la comunicación global, quienes podemos manifestarnos a favor de causas nobles, y quienes por supuesto estamos en contra de llevar más lejos disposiciones que carezcan de un criterio y razonamiento colegiado y aceptado por la mayoría.

Recordemos que "El año de México en Francia" es un evento preponderantemente cultural, y que equivale a acercar a dos pueblos con grandes correspondencias e influencias mutuas. Por fortuna no fue la voluntad de unos cuantos, en un contexto particularmente jurídico, la que alejó las intenciones de cientos y miles, que se han unido para celebrar a un país con siglos de historia.

El gobierno francés tiene el derecho a dudar de la eficiencia del gobierno mexicano en materia judicial, pero no podrá nunca justificar sus actos sacrificando o boicoteando un evento de esta envergadura, pues sería una pena que, sobre la cultura y el hermanamiento de dos naciones, estuviera un simple pretexto político para irritar a México.

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